César Pop: “Si quieres escribir canciones tienes que leer literatura”

César Pop, el hombre sentado al piano de las canciones de Leiva, nos acompaña en un nuevo ‘No he venido aquí a hablar de mi disco’

 

MARÍA F. CANET/JUANJO RIESGO

Fotografías: CRISTINA G. HERNÁNDEZ

Es el hombre sentado al piano de las canciones de Leiva y de tantas otras de artistas como Quique González, Lichis o Xoel López. A pesar de haber ligado su nombre al de grandes de la música nacional, César García Miranda (Navia, 1978) —más conocido como César Pop— es uno de los compositores más brillantes del país. Acostumbrado a permanecer en un segundo plano, debutó en solitario en el año 2011 con el álbum Te llames como te llames, al que siguió Noticias del norte (2015) junto a la Orquesta Pinha. Inmerso en diferentes proyectos, nos reunimos con él para conocer a este artesano de la canción en un nuevo No he venido aquí hablar de mi disco.

 

¿Cuál fue tu primer contacto con la música?

La verdad es que me gustó desde niño y en todos los recuerdos que tengo ya quería hacer música. Mi padre cantaba en un coro y de pequeño mi madre me llevaba a los ensayos y siempre me cuenta que me quedaba muy ‘pillao’ escuchándoles. También recuerdo que en mi calle había una peluquería en la que daban clases de guitarra —una cosa un poco extraña— y que el peluquero era amigo de mi madre; así que, muchas veces, cuando se iba a la compra, me dejaba con él y ahí empecé a recibir clases desde muy muy pequeño.

¿Entonces empezaste a tocar antes la guitarra que el piano?

Sí, con el piano empecé a los ocho o nueve años; sería que el piano no podía llevármelo a los campamentos ni a los cumpleaños… no lo sé. Creo que en realidad es porque yo soy muy cancionero, me gustan más las canciones y la guitarra es un instrumento más cancionero que el piano, más inmediato. Con la guitarra te aprendes cinco acordes y ya puedes tocar un montón de canciones, con el piano es más difícil.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos musicales?

La primera música que escuchas es la que escucha tu entorno. Sonaba Joaquín Sabina y mucha música tradicional latinoamericana: a mis padres les gustaba mucho Chavela Vargas, Gardel… Me flipan.

¿Qué artistas te hicieron querer ser músico?

Posiblemente el primero en cambiarme la vida fue Sabina. Lo escuché y me voló la cabeza por la época de Juez y Parte, Hotel Dulce Hotel… A mi padre y a mi tía les gustaba. Cuando tenía dieciocho o diecinueve años llegó toda esta ola de cantautores: Pedro Guerra, Ismael Serrano… Entré muy fuerte en esa escena y a través de ellos acabé escuchando a las generaciones anteriores: Silvio, Pablo Milanés, Aute,  que también me encantan…

La música latinoamericana también está muy presente en la carrera de Enrique Urquijo, ¿es otra gran influencia para ti? 

Totalmente, de hecho, recuerdo la primera vez que vi a Enrique Urquijo cuando sacó su primer disco con Los Problemas: salió una pieza en el telediario con un trocito de la versión que hizo de ‘Mundo raro’, recuerdo que lo vi y me voló la cabeza totalmente, me enamoró. Los Secretos siempre me gustaron mucho.

cesar pop

Como pianista, ¿qué teclistas son tus predilectos en el rock?

Al principio era muy académico con el piano, lo de los teclistas de rock me vino mucho después. Me hice fan de Dr. John, Randy Newman o Ben Folds, que es otra onda más moderna y menos de raíz. De chaval no prestaba atención a los estilos, me atrapaban las canciones. Tom Waits es otros de los que marcaron un antes y un después: los dos primeros discos de Tom Waits Closing Time y The Heart Of Saturday Night. Soy muy fan del principio de su carrera: Small Change, Nighthawks at the Diner… todos esos del principio me encantan, luego ya… Lo que hay a partir de Rain Dogs en adelante me mola, y me mola el personaje que se creó, pero lo que me enganchó fuerte de Tom Waits fueron los dos primeros discos.

 

“El oficio de músico es muy inestable y provoca
un vértigo que en ocasiones te hace desear llevar una vida normal”

 

Llevas tatuada una frase de Tom Petty, ¿es otra de tus grandes influencias?

Tengo que reconocer que me gusta menos de lo que les gusta a mis amigos (risas). Me gusta mucho, me encanta Wildflowers, pero no es un artista que me arrebate. No descarto que eso ocurra en algún momento porque no he llegado a profundizar. La frase (César lleva tatuado ‘You belong among the wildflowers’ en el antebrazo) me la hice porque me recuerda un poco al oficio, que es muy inestable y esa inestabilidad y el vértigo muchas veces te hacen desear estabilizarte y llevar una vida normal y adaptarte para sentirte seguro. Me la tatué para recordarme que mi naturaleza es otra, para aceptarme y aprender a vivir con ello porque tiene sus compensaciones.

Actualmente tienes un grupo versiones de Blues (Troublemakers Blues Review) junto a Lichis, Joe Eceiza y Cristian Chiloé.

Ahí andamos, estamos viendo a ver si lo retomamos. Creo que el blues se parece mucho a las rancheras: las estructuras armónicas son parecidísimas, las historias que se cuentan también… Es música popular porque tiene un formato que te permite contar historias, te dice “utiliza esta estructura y encajas esas melodías con las historias que quieres contar”. Te permite contar sin pensar mucho en la música.

Robbie Robertson (The Band) dice en sus memorias que cuando llegó a Nueva York empezó a componer compulsivamente a base de guiones de películas. Tú has participado en bandas sonoras de cortometrajes y películas ¿cómo afecta el cine a tu música?

No soy consciente de llevar el cine a mi música, aunque me imagino que lo haré inevitablemente…

¿Cuáles son tus películas favoritas?

No sé qué decir (risas). En el mundo de los clásicos Chaplin me flipa; me parece maravilloso lo que cuenta, la manera que tiene de contarlo, cómo utiliza el humor para invitar a la reflexión… Todo eso me encanta. Aparte, todas las cosas que hace visualmente me parecen brutales. En el contemporáneo hay muchas cosas que me también me gustan. La última película que me impresionó fue La Gran Belleza de Paolo Sorrentino (él en general me gusta menos). En el cine español, el otro día vi una peli que me llamó la atención: se titula Hablar (dirigida por Joaquín Oristrell y estrenada en 2015) y se desarrolla en un plano secuencia de 80 minutos; la película entera está rodada así en el barrio de Lavapiés: empieza en la puerta del metro y la cámara se va moviendo. Me impresionó bastante y me extraña que no sea conocida, igual es mala y me pilló ahí en el momento (risas). Estuve toda la peli flipando con el plano secuencia — “ostia no cortan” — es como una gran coreografía de cuarenta personas. Me gustó mucho.

¿Cómo fue para ti aportar tu grano de arena en una película como ‘La Llamada’?

Pues muy emocionante. Fue muy guay currar con los Javis, ver el entusiasmo que tienen —que me quedó muy claro que lo tienen—, la pasión que le ponen y lo bien que lo han hecho. Me sorprendió mucho: había visto la obra, pero cuando vi el montaje previo en mi casa para la música me quedé muy flipado, me pareció muy bonita y muy emocionante.

¿Hubo algo de sentimiento agridulce por el hecho de que la canción se llevara el Goya y no la película?

Sí, fue un poco agridulce porque le dieron el premio a Leiva pero a nadie más. Estábamos ahí todos celebrando: las actrices, ellos… Fue curioso porque tenían a dos  actrices nominadas como mejor actriz de reparto y ahí les falló hasta la probabilidad, a mí me parece que tanto Anna Castillo como Belén Cuesta están muy bien en la peli.

cesar pop

Hablemos de literatura.

En la literatura mi padre nuestro que estás en los cielos es García Márquez. Me leí Cien años de Soledad del tirón. Lo último que me ha arrebatado son las novelas de Almudena Grandes sobre la posguerra, los Episodios de una guerra interminable. He leído los tres primeros, el cuarto aún no me lo he leído porque me gusta tanto que me lo reservo. También me gustó mucho la precursora a la saga, El corazón helado.

“Las temporadas que leo menos me cuesta
más escribir letras. Se me van las palabras”

 

¿Tus lecturas han influenciado de alguna forma tu forma de componer?

La literatura creo que sí, aunque sólo sea por las palabras, por las frases… Nunca directamente, siempre creo que lo que hago me lo estoy inventando yo (risas). Pero obviamente, las cosas que leemos se nos quedan dentro y luego salen, las digerimos y las volvemos a sacar de otra manera. De hecho, las temporadas que leo menos me cuesta más escribir letras, porque se me van las palabras. Estar en contacto con la lectura te tiene en contacto con las palabras, con las formas, con la manera de componer las frases… Es una cosa muy obvia, cuando te preguntan “¿para escribir letras qué hay que hacer?”: leer, lo fundamental es leer.

La poesía también está muy presente en tu música: has hecho recitales con Benjamín Prado e incluido versos de García Montero en alguna de tus canciones.

La poesía me gusta mucho, sí; no soy un gran lector de poesía pero la disfruto mucho. García Montero me gusta mucho porque tiene una manera de escribir que me encanta. A veces no sé muy bien de que me está hablando, pero siempre se me quedan cosas por dentro. En la lectura de la poesía sí que encuentro una relación muy directa para la escritura de letras, de hecho, cuando leo poesía durante un rato me fluyen más las ideas para escribir letras.

¿Qué opinas sobre el Nobel de Dylan?

Me parece que es muy merecido y me divierte mucho que no haya ido a recogerlo, que haya dicho “no es que tengo bolo, lo siento, gracias por el premio este que me dais, ¿cómo se llamaba? Ah sí, Nobel”, me parece maravilloso. Es darle un Nobel a alguien que trabaja el género canción. ¿Por qué no tener en cuenta lo que tienen de literario algunos músicos? Hay una conexión muy clara. Cuando pienso en el Nobel de Dylan, digo “joé, ¿y Cohen?”, pero lo de Dylan es tan salvaje… Ha escrito tanto y manteniendo el nivel… No lo he visto en directo porque no me gusta mucho; hay canciones que me vuelven loco, pero igual son veinte canciones que representan un porcentaje pequeño de toda su obra. Me gusta, pero prefiero a Cohen o a Springsteen. Springsteen me flipa.

Leiva es muy mitómano, cuando te juntas con él o Quique que son muy de Dylan o Petty…

Bien, llevamos tantos años juntos que ellos saben que me gusta Mecano y me lo perdonan (risas).

¿Qué artistas emergentes destacarías?

Pedro Pastor me encanta y Alberto Alcalá escribe muy bien.

¿Y mujeres?

Lucinda Williams, Norah Jones, Nina Simone, Anni Di Franco, que con 20 años me pegó fuerte. Y dentro de la música nacional, Nadia Álvarez, Vicky Gastelo, Rebeca Jiménez y Nina De Juan (Morgan) que es el gran talentazo, es espectacular. Me gustan mucho sus canciones en castellano, las que tiene en inglés también, pero conecto más con las dos que tiene en castellano, las dos son bestiales… Lo que pasa que claro, hacemos música basándonos en la música que escuchamos y de esa música no nos emocionan sólo las letras, nos emocionan las melodías, los timbres, los ritmos… Entiendo que si alguien se ha formado escuchando música en inglés y se ha emocionado con eso, cuando componga música esté pensando en crear melodías, ritmos y colores sin que el texto tenga mucho peso. Incluso si la música que has escuchado está en otro idioma es normal que lo utilices para sentirte cómodo, lo entiendo.

¿En algún momento quisiste hacer canciones en inglés?

Sí, pero me duró muy poco (risas). Realmente siempre he escuchado música en castellano porque me importa mucho lo que cuentan las canciones. De hecho, empecé a escuchar música en inglés bastante tarde, con dieciocho o veinte años.

 

“Ahora hay Operación Triunfo, Cachitos… A mi me parece que debería ser más plural, que la tele debería ofrecer más tipos de música.”

 

¿Cómo ves la situación del rock y el pop en los medios de comunicación?

No está… Hoy estamos de enhorabuena porque anoche estrenaron La Hora Musa, pero llevábamos muchos años sin un programa de música en televisión. También tenemos los Conciertos de Radio 3, que son un poco el reducto… Pero lo importante es cómo se trata la música: lo que valoro mucho del programa es que están tocando en directo y suenan bien, y eso es lo que lleva a la gente a los conciertos. Si tú ves en la tele a un grupo haciendo un playback no te va a apetecer tanto ir a verlos como si lo hacen en directo. Me parece que está bien, pero sigue siendo muy poco. Esta mañana alguien escribía en Twitter: “fijaos cómo está la cosa de mal que estamos celebrando esto como si fuese la bomba”, y al fin y al cabo es un programa semanal en La 2, a las once de la noche, una cosa discretita que está muy bien, que me alegro mucho de que exista, pero joder, debería haber mucho más… Ahora hay Operación Triunfo, Cachitos… A mi me parece que debería ser más plural, que la tele debería ofrecer más tipos de música porque eso invitaría a la gente a escuchar mucha música que no conocen. Hay mucha música que no tiene apenas presencia en los medios y da mucha pena.

¿Qué opinas de lo que está haciendo James Rhodes de acercar la música clásica al público general?

Me parece que está muy bien. Me gustó mucho la primera frase de su libro: “la música clásica me la pone dura”. Me gusta mucho de James Rhodes eso que tiene de desencorsetar la música clásica, que salga en vaqueros y camiseta a tocar y que se comunique con la gente como si estuviera en un concierto de pop o rock. Me parece que está haciendo una aportación muy guay. ¿Por qué Queen le puede gustar a todo el mundo y Mozart no? Son músicas muy accesibles si les prestas un poco de atención. Él invita a que la gente se desprenda del miedo a tocar, que cualquiera puede disfrutarlo sin la necesidad de convertirse en un virtuoso.

One comment
  1. Francisco Norte

    Mejores libros los de García Marquez y películas buenas las de Sorrentino. Larga vida a los topicazos del roquero pasado de rosca!

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