Breve historia del hype

Para definir qué es hype es necesaria la experiencia, es por eso que no se puede decir qué lo es cuando está sucediendo

 

JOSÉ MANUEL SEBASTIÁN

Los años 70. El final de la dictadura. Chaquetas de pana. Vello facial. Pantalones de campana. Cuellos longilíneos. El glam y el progresivo. El punk y el sonido discoteca y al final, la nueva ola. La década que empieza con la separación de los Beatles y que termina con la publicación de ‘London Calling’. Los 10 años en los que pasó todo y de todo.

Finales de 1973, el cantante de un oscuro grupo escocés que apenas ha metido un single en las listas británicas decide irse de la banda. Gordon “Nobby” Clark llega a esa resolución frustrado por la falta de éxito, tanto en lo comercial como en lo artístico. Poco antes ha grabado una canción con la formación que acaba de abandonar que se llama “Remember (Sha la la la)” y que termina siendo un top 10 en el Reino Unido en 1974. Este es el primero de los singles que lleva a los Bay City Rollers a convertirse una formación multi vendedora. Aunque llegan al 1 en muchas partes, incluido el Billboard, para 1977 su éxito se difumina. Esta banda fue la primera de la que se dijo que eran los nuevos Beatles. Siguen en activo, sin embargo hace muchos años que el tiempo se los tragó. Podríamos decir que su caso es el primer hype, o al menos proto hype, de la historia. Y pasó en Gran Bretaña, que es donde suelen ocurrir todas estas cosas.

¿Queréis más ejemplos? En los 90 hay unos cuantos. Menswear o Gay Dad son los primeros nombres que me vienen a la mente pero hay muchos más. En la era del rampante brit pop, cuando la pelea entre Melody Maker y el New Musical Express estaba en lo más alto, casi cada semana había alguna portada  que proclamaba que el artista x estaba destinado a convertirse en “the next big thing”. Incluso en España hubo algún intento parecido, ¿alguien recuerda un grupo de Barcelona llamado Peanut Pie? A la altura de 1996 parecía que se iban a comer el mundo. Ahora solo aparece como una nota al margen en la biografía del que fuera su líder, el desaparecido Sideral.

Concedamos que hay distintos tipos de hype. Está el más obvio, que es el que surge desde un sello y fracasa. Eso pasó con La Rabia del Milenio en España cuando el siglo XX se convertía en el XXI. También tenemos al hype que nace de una alianza más o menos accidental entre la compañía discográfica y la prensa, que es lo que pudo ocurrir con The Darkness en 2003 cuando los llamaron los “nuevos Queen”. Eso fue particularmente torpe porque los “nuevos Queen” existían desde hacía algún tiempo, eran Muse, y ya tenían mucho éxito. Y todavía más llamativo era el hecho de que Muse también estaba en Warner.

Existe un tercer tipo de hype, al que casi no lo podemos llamar de esa manera. Esto ocurre cuando alguien, compañía o prensa, se da cuenta de que algo está empezando a funcionar y que, si se le da un empujón, el éxito masivo está asegurado. Tengo la sensación de que el caso de Mecano y de su incipiente popularidad en Valencia al principio de su carrera entra perfectamente dentro de este supuesto.

De Oasis se decía que era un hype, por si nos habíamos olvidado.

Este término, hype, suele conllevar una carga peyorativa porque se asocia con un fracaso. Mientras que el concepto One hit wonder es percibido como un feliz accidente, como los 15 minutos de fama de un artista marginal, el hype es el fracaso del sistema de imponer su criterio al pueblo. Es una pequeña victoria de la gente frente a la todopoderosa maquinaria industrial que puede permitirse el lujo de tirar dinero y energía a la basura con propuestas mediocres o banales. Sin embargo, en mi percepción el hype es otra cosa, algo que yo relaciono con otro concepto muy distinto. Niego la dicotomía industria/oyentes porque introduzco otra variable, el mismo artista objeto del hype, que es la verdadera víctima. Para mí un hype es una tragedia, la historia de un juguete roto, la de un niño al que le prometen una bici y le dan carbón. Y algunas veces es una injusticia porque de haber ido las cosas de otra manera, a lo mejor el músico en cuestión podría haber tenido una carrera sólida en lugar de terminar siendo un apestado o, peor aún, un mal chiste contado por un periodista o un miembro de una discográfica a altas horas de la noche con una mal disimulada sonrisa de satisfacción.

Hasta aquí la teoría sobre el hype. En cuanto llevamos estos axiomas a la realidad todo salta por los aires. Para definir qué es hype es necesaria la experiencia, es por eso que no se puede decir qué lo es cuando está sucediendo. De Oasis se decía que era un hype, por si nos habíamos olvidado.

Dentro de un año sabremos si lo de Rosalía es o no un hype. Y si lo es, será  una pena porque ella tiene verdadero talento.

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