Fetén Fetén: El ingenio y la diversidad de la Música Popular Instrumental

‘Melodías de Ultramar’ devuelve la riqueza multicultural de las músicas de baile a una industria musical homogeneizada

 

DIEGO ARIAS / CAYETANO FERNÁNDEZ 

Madrid, ciudad sin puerto pero de brazos abiertos a los marineros, acoge con calor primaveral a los capitanes al mando de Fetén Fetén, un dúo musical español con una propuesta culturalmente riquísima y que cuenta ya con cuatro trabajos de estudio, incluido su más reciente Melodías de Ultramar (2018), lanzado este pasado mes de junio. Exhaustos de una larga jornada de promoción y bajo el efecto soporífero de la marea alcalina producida tras la comida y el vino, Diego Galaz y Jorge Arribas ponen toda su atención y buen rollo en definir un género para su música. Tras hablar sobre cómo las tendencias en el pasado se nutrían de una “actitud vital” y de cómo esa actitud ha sido sustituida por etiquetas tan poco específicas como World Music, el dúo concluye afirmando: “Música Popular Instrumental es una buena definición”.

La esencia versátil de Fetén Fetén, influenciada desde tantas vertientes, trasciende los recuerdos musicales y se alimenta perpetuamente de los viajes que realizan como banda y de la simbiosis entre sus integrantes, creada durante años de experiencias compartidas desde su primer contacto en la agrupación La Musgaña. “Cuando vamos a tocar fuera, siempre intentamos tocar con músicos de la zona, compartir un rato, y eso es una fuente de inspiración”, comenta Jorge, y añade: “La base es esa, los viajes musicales. De ahí sale un germen del que construimos entre los dos ya lo que va a ser el tema”

fetén feten

Sobre el proceso creativo, Diego Galaz explica: “Muchas melodías surgen desde el momento vital que estás viviendo en relación con la música. Si tienes una obsesión con Chet Baker o con David Bowie y estás escuchando algo, porque en ese momento es lo que te apetece escuchar, evidentemente te va a inspirar”, y concluye: “Al final, la inspiración tiene mucho que ver con lo cotidiano. Si a alguien le apetece hacer un buen desayuno y hacer algo especial no se diferencia mucho de vivir esa experiencia especial a través de la música: la inspiración está en el día a día de cualquier persona”.

 

“Creo que nunca ha pasado en España que grupos tan parecidos estéticamente puedan triunfar tanto”

 

Y es que lo cotidiano puede ser el tejido más simple que construye lo popular, pero lo popular, a pesar de la riqueza cultural que implica, no es un género dentro de la escena musical española que brille por llenar estadios. Las nuevas propuestas como Fetén Fetén, a pesar de su brillante carrera, se buscan un espacio en una industria musical homogenizada: “Quizás la gente no se está dando cuenta de que lo que consume es muy parecido. No es ni malo ni bueno, pero no es un buen momento porque, de alguna forma, cuando algo se homogeniza lo diferente molesta. De hecho, creo que nunca ha pasado en España que grupos tan parecidos estéticamente puedan triunfar tanto. Si escuchas a Vetusta Morla o a Izal verás que tienen mucho que ver: eso nunca había pasado; incluso en los 80, que no es una época de mi devoción, se ponía en valor que Radio Futura se fuera a lo latino y Mecano al tecno”, reflexiona Diego.

Pero los Fetén Fetén no son dueños de un barco a la espera de un naufragio. La inteligencia, la sencillez, la creatividad y la visión los llevan por mejores aguas y con viento a favor. No esperan a que las cosas cambien. Ellos aportan al cambio creando espacios divulgativos, instrumentos insólitos y temas que ponen a bailar y soñar despierto al más tieso banquero o al más asiduo oyente de los 40 principales.

 

“Transmitir a las generaciones de nativos  digitales que la mezcla cultural tiene valor es muy bonito”

 

“Cuando trabajamos en espacios divulgativos musicales para niños podemos trasmitir esos valores: que existen diferentes culturas, que somos lo que somos por la mezcla, que la pobreza les ha hecho tocar unas cucharas o una sartén…  Transmitir a las nuevas generaciones de nativos digitales que esa mezcla tiene un valor y hay que plasmarla es muy bonito”, comenta Jorge Arribas.

Canadá, Marruecos, el Little Italy en New York, México, Costa Rica o Argentina son algunos de esos lugares que transmutan su esencia en los instrumentos de Diego y Jorge, las letras de Sebastián Schon y en las voces de sus más recientes invitados para Melodías de Ultramar: Javier Ruibal y Carmen París. “Tenemos la gran suerte que toda la gente que está en el disco, igual que en discos anteriores, están porque son amigos y porque es gente que admiramos musicalmente”, explica el dúo.

Carmen París, una de las voces con más fuerza en darle un nuevo aire a la Jota Aragonesa, se sale de su repertorio habitual para cantar el corrido mexicano “La Vieja Emoción”, y lo hace con una calidad interpretativa impecable. Al respecto Diego Galaz expone: “Carmen es de esa vieja escuela, como María Dolores Pradera, en que la canción es un oficio. Cuando tú realizas un oficio, aunque no estés en tu zona de confort, eres capaz de defenderlo. Esto hace que la gente pueda ser más versátil. En el caso de Carmen, lo que ha hecho con el corrido no está muy lejos de lo suyo porque es música popular. Y los cantantes de jotas no están muy lejos de Nat King Cole o Frank Sinatra, aunque lo parezca porque todos se basan en técnicas vocales de mucha proyección de mucha afinación y dinámica, a parte de la calidad de cada voz . Por eso Carmen podría cantar esto o cantar con Vetusta Morla sin problema”.

 

“Si emocionas con un serrucho ganas por goleada, pero sin perder el valor de lo musical: sin ese valor, no vale”

 

Al hablar de los instrumentos insólitos que utilizan, los Fetén Fetén dejan claro su valor en el juego visual de los directos y qué características sonoras de algunos de ellos, como el serrucho, aportan a sus discos.  “Yo he incorporado la zanfona, que es un instrumento medieval muy sorprendente, teniendo en cuenta que lleva siglos entre nosotros y que sigue sorprendiendo a la gente más que cualquier sintetizador”, explica Diego, y continua: “Cualquier instrumento puede resultar insólito, pero la clave está en utilizarlos de manera insólita. A lo mejor el violín no es típico de ciertos estilos o ritmos, pero como ya forma parte de nuestro sonido, lo ponemos siempre como denominador común. Si consigues emocionar con un serrucho ganas por goleada, porque juntas la emoción con algo que le gusta mucho al ser humano, que es la posibilidad de hacer cosas aparentemente imposibles. Pero es importante no subestimar el valor de lo musical: sin este valor no es bueno, no vale”.

La riqueza rítmica del dúo invita a escuchar los caminos de ida y vuelta que existen entre continentes, conectando culturas diferentes que comparten células musicales comunes. Acerca de esto comenta Diego Galaz: “Entre España y Latinoamérica el flujo es increíble. Después de Oriente Medio o del Mediterráneo es el flujo de cultura más increíble en la historia de la música”.

La agrupación, ahora apoyada por la agencia Charco Música (Charco es una iniciativa con base en Madrid que tiene como objetivo acercar Latinoamérica y Europa mediante la música), ya ha visitado tierras latinoamericanas anteriormente y no ocultan su emoción al compartir sus experiencias: “Hemos notado que la gente es súper permeable”, continua Jorge Arribas, “en México hemos tenido una acogida increíble. Sin tener un público allí se nos abrieron las puertas. También en Costa Rica, en El Salvador y en Nicaragua nos hemos sentido muy arropados. En septiembre tenemos previsto volver a Costa Rica, y a finales de octubre a México. Son gente que escucha todo tipo de música y que vive todo tipo de conciertos. Nos pasaríamos allí la vida entera: esa calidez, esas sonrisas… nos hacen muy felices”.

Fetén Fetén irradia ingenio y se ofrece con humildad a un público amplio conformado por distintas generaciones: la más antigua, que lucha por no perder su identidad, la que no sabe con certeza cual es su identidad y la nueva que apenas la está construyendo. Son la reacción natural de la riqueza multicultural que nos pertenece y nos hace únicos, pero que ignoramos para sumarnos a una aglutinación sorda, o por lo menos monocromática, que promueve una dinámica efímera en el consumo de música.

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