Los Estanques, un brebaje contra el aburrimiento

Los Estanques presentan su tercer disco

La banda cántabra pública su tercer álbum a caballo entre el pop, la psicodelia y el rock progresivo

 

MARÍA F. CANET

A mitad de la conversación comienza a sonar por los altavoces de la cafetería ‘Cerca de las estrellas’ de los Pekenikes. Germán Herrero, guitarrista, e Íñigo Bregel, cantante y teclista de Los Estanques, se abstraen por un momento de la charla: “Qué temazo, esta la tocábamos en directo”, comentan mientras simulan tocar una guitarra y una batería ficticias. Junto al rock progresivo y la psicodelia, el pop español de los 60 y 70 (Pekenikes, Solera, Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán) es uno de los baluartes de esta banda cántabra afincada en Madrid que acaba de publicar su tercer álbum (The John Colby Sect, Inbophonic Records, 2019), de título homónimo. Un explosivo brebaje de estilos, complejo y poco habitual en el panorama nacional: “Nuestra cruz es tratar de sonar a nosotros mismos cogiendo cosas de distintas partes. Hay que mirar hacia atrás o adelante, lo que no puedes es mirar hacia abajo”, coinciden ambos.

Íñigo, multinstrumentista y compositor principal de todos los temas, admite entre risas que esta tercera entrega —tras Contiene percal y II, ambos publicados en 2017— resulta especialmente arriesgada: “En el local de ensayo era más fácil de escuchar. Cuando sales de ahí y lo pones, la peña dice “¡dónde vais!”, y piensas, “ostia, igual se nos ha ido la puta olla””.  Bregel no sólo ha arriesgado en las melodías, sorprende también su papel como cantante, sin complejos al enfrentarse a graves y agudos: “Igual he sido un poco pretencioso porque no soy cantante. La movida es que todo está al servicio de las canciones y a la hora de cantarlas las paso putas, es jodido hacerles justicia”, explica. Otro reto ha sido  adaptar los temas al directo: “Nos dejamos las tres últimas canciones del disco porque no podemos trasladarlas; el último instrumental tiene la tela de instrumentos… Las guitarras acústicas irán en eléctrica y será una versión distinta, ni mejor ni peor”, explica Íñigo.

Pero si por algo destaca su nueva obra es por el influjo de la música negra: “Hemos pasado por muchas fases este año, pero venimos de una racha donde hemos escuchado mucho funky setentero y se mezcla con todo lo anterior”, comenta Germán. Temas como ‘Suerte’, ‘Desde ahora hasta el final’ o ‘No te subestimes’ son prueba de ello: “No queremos intentar hacer música negra porque somos más blancos que la leche y no queremos ser unos impostores. Tampoco tratamos de sonar a años 70, queremos traer lo que nos mola de esa música para hacer la nuestra”, asegura el guitarrista.

En este laberinto sonoro, la secuenciación del álbum ha jugado un papel determinante: “Igual nos llevó un mes elegir el orden de las canciones”, asegura Germán. “Queremos que el oyente lo ponga y piense: “¿qué cojones es esto?, ¿una movida de progresivo?”, y antes de que acabe se encuentre con un rock farlopero, luego con temas más poperos que entran más suaves…”, detalla Íñigo con entusiasmo. Desde ‘Ahora’, el primer corte, hasta ‘Mientras tanto’, el último —ambos instrumentales— el factor sorpresa predomina en el LP: “Nos molaba mucho la movida de empezar el disco macarras y acabarlo solemnes, como “eh, sabemos lo que hacemos””, señalan.

Entre medias, delicatessen psicodélicas como ‘Amor-odio’ —que hace referencia a la relación con una droga— o ‘Vincenzo Il Caminante’, se mezclan con exquisitos ejercicios de pop como ‘Clamando al error’ o ‘Deceso inmortal’, que desprenden esencia Beatle o del LP Señora Azul de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán: “En su época pasaron desapercibidos. Recuerdo la primera vez que los escuché: tenía 12 años e iba para el pueblo. Recuerdo en qué parte de la autopista sonaba cada canción, me marcó la ostia”, comenta Íñigo. El rock progresivo, que mamaron gracias a Genesis, King Crimson, Yes o Emerson Lake & Palmer en la época de su proyector anterior (Crayolaser), pervive en ‘Ahora el tiempo te sobra’ o ‘Joder’, una caricatura de la noche madrileña: “Es un poco lo que nos encontramos cuando vinimos aquí hace dos años: toda la peña tocando garaje… Garaje es donde guardo el coche”, comenta Íñigo entre risas. Con humor y sarcasmo critican también las etiquetas musicales: “Nadie encuentra en su lugar en una puta etiqueta. ¿Hasta dónde llegan? Estamos aprendiendo a ser un poco más transigentes, pero hay cosas que nos tocan los cojones: “yo hago pop psicodélico, porque tengo un tema de 7 minutos” o “yo hago garaje porque le meto un flanger (efecto) a la guitarra”, ¡venga…!”, dice Germán.

Dentro de la búsqueda de su personalidad, Los Estanques han apostado por letras en castellano —“ha sido un acierto, nos puede abrir muchas puertas porque no hay mucha música de este tipo en castellano”, apuntan— y por temas que no sobrepasan los 5 minutos: “Si metes canciones cortas, ya es una cosa distinta; si cantas en castellano otra cosa distinta… El disco tiene muchos palos, aunque tampoco pensamos todo el rato en que tenemos que ser originales”, asegura Íñigo.

Sin haber cumplido los 30, y a pesar de sus influencias musicales y su estética setentera, estos jóvenes muestran curiosidad ante el trabajo de compañeros de generación con sonidos muy alejados de los suyos, como C. Tangana: “Yo no lo escucharía en la vida, pero me pongo el bolero que ha sacado y me doy cuenta de que los arreglos de guitarra son cojonudos. Una cosa está clara, la música bien hecha puede ser del estilo que quiera”, asegura Germán.

Grupos jóvenes como The Lemon Twigs resultan un espejo en el que mirarse. Son conscientes de que su apuesta musical resulta atípica en nuestro país: “Echas la vista atrás y decimos: “vamos bien”. Ahora, en cuanto a que lo escuche la gente igual no vamos tan bien, pero para hacer otra música siempre hay tiempo”, aseguran. Los posos del café se vislumbran en las tazas cuando confiesan que no saben qué será del cuarto disco que ya tienen grabado; ahora el tiempo les sobra, pero la mirada nunca la dirigirán hacia abajo.

 

 

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