Ricardo Lezón: "La música inglesa ha envejecido peor"

Foto de Ricardo Lezón

Ricardo Lezón, líder de Mcenroe, presenta en Madrid Esperanza, su primer disco en solitario, y habla con FreeRockin sobre literatura, cine, bandas sonoras, música y pueblos desiertos en un nuevo ‘No he venido aquí a hablar de mi disco’

MIGUEL URIZ

Ricardo Lezón ( Getxo, 1969) es conocido por ser el cantante, letrista y compositor de la banda McEnroe, con la que ha publicado seis discos. Lideró otros proyectos igual de interesantes, como el disco editado con Viento Smith, o el álbum que sacó junto a The New Raemon. El año pasado nos sorprendió a todos con Esperanza (Subterfuge Records), su primer disco en solitario. Ricardo ha compartido con nosotros su tiempo para charlar sobre todo lo que ha influenciado a su música.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos musicales? ¿Recuerdas qué se escuchaba en tu casa y cuáles de aquellas bandas se convirtieron en influencias?

La primera música que escuché fue de viaje con mis padres en el coche, como todo el mundo. Escuchábamos mucho a Julio Iglesias, Django o Pierre Bachelet; recuerdo viajes largos con ellos escuchando todo el rato esa música, que al final también me ha marcado de cierta manera, porque a mi me gustaba. El siguiente recuerdo sería cuando empiezas a escuchar rock y descubres la música de otra manera: empecé escuchando Supertramp, The Alan Parson Project y otros cosas que sonaban en ese momento. Por último, das el salto del descubrimiento en el que te dices: “¡coño, la música!” y comienzas a comprar discos y camisetas; en ese momento lo que más me gustaba eran The Smiths, The Cure y toda esa hornada de grupos de los 80.

¿Siempre has tenido esa sensibilidad más británica que norteamericana?

Empecé escuchando más música inglesa, aunque con el tiempo creo que me identificó más, o que encuentro cosas que me emocionan más, en la música americana. Creo que la música inglesa ha envejecido peor.

Tienes dos poemarios publicados (Extraña forma de vivir y Los minúsculos latidos), ¿encuentras una frontera clara entre escribir poesía y escribir música?

Pues no, la verdad es que no encuentro ninguna frontera. Antes de componer música escribía poesía para mí, para leerla en casa, y eso me ha servido mucho más adelante para escribir letras. Al principio sí que encontraba diferencias porque el formato canción es más limitado al tener que encajar en la melodía, pero al final se acaba mezclando todo. Es como la polémica del Nobel de Literatura a Bob Dylan, era algo que no entendía, ¡si es que Dylan escribe!… Que además cante, ¿qué tiene que ver?, ¿le resta algo? Si coges un libro y lo cantas, ¿deja de ser un libro?: no.

Dylan, Leonard Cohen, Patti Smith… La tradición de letristas rock con intención literaria es larga y abundante…

Es que siempre que quieras decir algo con las letras es que estás escribiendo.

Hablando de Dylan, ¿por qué has elegido versionar ahora su canción “To fall in love with you”?

Dylan me gusta, algunas veces más y otras menos: tengo muchos discos suyos, pero nunca he sido super fan ni conozco todo lo que ha hecho. Una radio universitaria de aquí, de Madrid, llevaba mucho tiempo pidiéndome versiones y siempre les decía que no, porque no soy muy de versiones. Ocurrió que hacía algún tiempo que me había saltado esta canción en Youtube y me había gustado mucho; me pilló en un día que dije: “la voy a hacer”. Además, coincidió que estaba aprendiendo a hacer cosas con el iPad y la grabé así.

¿Te costó adaptar la letra al castellano?

No, la verdad es que no. Como no tengo ni idea de inglés, hice una cosa muy básica: lo que no sabía lo miraba en Google Translator y ya está. Además, la canción tiene una métrica muy sencilla: es como una rueda, una repetición de la misma melodía en la que las palabras encajaban muy bien. La grabé con Txomin Guzmán (guitarrista en su último álbum, Esperanza), que a diferencia de mi puede sacar una canción en un minuto. La grabamos después de una comida: habíamos tomado unos pacharanes y nos pusimos con el iPad en la cocina. Y así se ha quedado, como hacía Dylan.

Volviendo otra vez a la literatura, ¿ha habido alguna novela que te ha marcado especialmente?

A mí el libro que más me ha gustado es La conjura de los necios (John Kennedy Toole, escrita en 1962, publicada de forma póstuma en 1980 y premiada con el Pulitzer en 1981), que en ocasiones no se tiene como una novela seria, aunque a mi me parece brutal. Por detrás, y que me gustan mucho, irían La insoportable levedad del ser y La despedida,  de Milan KunderaLa carretera, de Cormac McCarthy Intimidad de Hanif Kureishi.

¿Tienes algún escritor favorito?

No, pero me leí muchos de Murakami porque me llegó en el momento adecuado. Ahora el tío ha caído en desgracia… Bueno, esto de las modas: seguramente ni antes era tan bueno ni ahora es tan malo.

¿Eres cinéfilo?

Sí, me gusta mucho el cine. Me gustó muchísimo Cinema Paradiso o El jardinero fiel, que tampoco le gusta a nadie porque es como cine comercial. Últimamente me ha gustado mucho Columbus (Kogonada, 2017) y otra que se titula Oslo, 31 de agosto (Joachim Trier, 2011). No soy muy fetichista, pero me gusta mucho Ralph Finnes, el actor.

¿Cómo ha sido hacer la banda sonora de Los Amores Cobardes?

Era algo que me hacía mucha ilusión, la verdad. Nos llamaron unos chicos jóvenes (la película es el debut en la dirección de Carmen Blanco) que les habían rechazado en todas las productoras una película que hicieron con mucha ilusión mediante crowdfunding. Además, me hizo mucha ilusión que nos llamasen para la típica cosa que cuando tu eres joven harías, dices: “me gusta este grupo, les voy a llamar aunque igual me mandan a la mierda”. De la parte instrumental se ocupó Gonzalo Eizaga que lo grabó en su casa con el iPad. Todo lo que ha venido después, ver que han conseguido llegar a salas y que han estado tres semanas en cartelera, que hoy en día es impensable, también nos ha hecho mucha ilusión.

¿Cómo fue el proceso de composición? ¿Visteis la película y en función de eso hicisteis la banda sonora?

No, me mandaron el guion: cuando hablamos con ellos ni siquiera estaba rodada la película. Después nos enviaron un documental previo a la película , una especie de cortometraje muy pequeño en el que veías un poco cuál sería la estética de la película. A partir de ahí, escribimos las canciones y la música basándonos en el guión.

¿Qué bandas actuales, españolas o extranjeras, te gustan?

Me ha gustado el último disco de Cat Power; también me gusta mucho Sufjan Stevens y Phosphorescent, pero la verdad es que no estoy muy al día. En España, me gustan mucho Nacho Umbert y Pumuky.

En alguna entrevista has dicho que te gusta la música que hace Mark Kozelek (Sun Kil Moon, Red House Painters): ¿qué opinas sobre cómo trata a su público y las polémicas que levanta?

Pues hombre la verdad que eso es una discusión que ha habido siempre, ¿no?, la de si hay que diferenciar a la persona del artista. A mí me da pena. En realidad me gusta pensar que cuando eres gilipollas el que peor lo pasa eres tú. A mi me atraen mucho más los artistas que en persona me resultan interesantes.

En tu último disco tienes una canción que se titula ‘Chet Baker’, ¿te gusta el jazz?

Me gusta mucho Chet Baker: su música, su historia —me acabo de leer su biografía— y todo lo que le rodea. También me gustan Dizzy Gillispie John Coltrane, pero no sé mucho, no soy ningún experto en jazz.

En algunos discos con McEnroe tienes canciones con Miren, de Tulsa, y en tú último disco cantas con tu hija Jimena, supongo que es una forma de reivindicar las voces femeninas…

Siempre me ha parecido que a mi voz, que tiende a ser bastante grave, el contrapeso de una voz femenina le queda muy bien, no solo que le quede bien estéticamente, sino que también me parece que le quita un poco de gravedad. Además, me gustan mucho las voces femeninas y creo que las chicas cantan mejor, creo que son más naturales.

En el proceso de grabación de tu último disco estuviste viviendo en Noviales, un pueblo de Soria: ¿qué opinas sobre el fenómeno de la despoblación rural? ¿Cómo la has vivido tú?

Lo he vivido con felicidad total porque a mí no me gusta mucho la gente, no me gustan los sitios donde hay mucha gente, me agobian mogollón. Fui buscando eso: ya había estado antes en Noviales,  escapadas de uno o dos mes, y me encontraba bien allí, pero me decía “bueno, este mes que me vengo de desconexión, bien, pero… ¿seré capaz de vivir aquí?”Además, el pueblo este era muy heavy: en verano venían más, pero el invierno lo pasábamos allí solo tres personas. El problema de la despoblación es un tema que les preocupa mucho a ellos, pero no sé, la verdad es que yo lo he visto desde otro sitio; me digo: “esto es una maravilla”. Aunque suene egoísta, prefiero que no haya nadie para poder vivir.

¿Cómo es el día a día? ¿Resulta difícil vivir sin las comodidades de la ciudad?

Para mí lo difícil es vivir aquí, no allí. La verdad es que hay muchos problemas: por ejemplo, en el hotel en el que vivía tenía que poner una estufa con gasóleo, entonces tú llamas y el camión cisterna que tiene que venir lo hace desde un pueblo que está a 30 kilómetros, y claro, no viene a ponerte 100 euros, le tienes que poner 1000 euros de gasoil. Ese tipo de problemas, como cuando tienes que ir a hacer la compra. Y hombre, a ellos les veo preocupados por ciertas cosas, que no hay niños, por ejemplo, pero luego también les veo cabreados cuando hay una fiesta medieval y el pueblo se llena de tal manera que no se puede aparcar y se arma mucho lío. Es cierto que cuando lees el libro de Sergio del Molino (La España vacía, Taurus, 2016) ves que es un problema de la leche, pero yo creo que es un problema de la sociedad, de que todo el mundo quiere vivir en el mismo sitio.

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