Guadalupe Plata, reflejo de la España profunda

El quinto trabajo de la banda andaluza se sumerge en sonoridades pantanosas en un viaje de ida y vuelta del delta del Mississippi al delta del Guadalquivir

 

MIGUEL URIZ

Una batería con pocos micrófonos para conseguir un sonido más natural, un barreño con una palo y una cuerda como bajo, una vieja guitarra y una botella de anís. Con estos particulares instrumentos la banda Guadalupe Plata firma un excelente quinto trabajo. Doce canciones con las que consiguen hacer un retrato excelente de una España profunda, que aún sigue existiendo. En el fondo, ese fue siempre el propósito del blues, cantar sobre lo rural, y sobretodo cantar, casi gritar las penas y las penurias de esa vida de campo tan dura, tal y como hicieron tantos bluesman del siglo pasado como Robert Johnson, Charlie Patton o Blind Willie Johnson. La banda andaluza siguen en su proceso de involución, como ellos mismos lo denominan, intentando conseguir un sonido absolutamente puro.

El documental Raíces de Televisión Española y el disco Gris-Gris de Dr. John  han sido las fuentes de inspiración para este último disco de la banda. Ambas piezas tiene en común que muestran lo primitivo. El documental de Televisión Española hace un extenso recorrido por las tradiciones más ancestrales y singulares de nuestro país. Mientras que el trabajo de Dr. John dibuja un paisaje mucho más lejano, geográficamente hablando, utilizando ritmos africanos. Se reconoce en el disco la influencia del blues americano, pero su particular sonido muestra destellos de la música tradicional española.

El álbum comienza con una pieza instrumental ,’Barreño en llamas’, que recuerda por sus ritmos a un paso de Semana Santa . Es una buena forma de ponernos sobre aviso que en la media hora que nos viene por delante, vamos a transportarnos a un pequeño pueblo de la España más tradicional. Basta con escuchar ‘Oigo voces’ para hacernos a la idea de lo claustrofóbico que es el paisaje que se nos muestra en este trabajo. El cantante de la banda en esta particular versión de ‘I hear voices’ de Screamin´Jay Hawkins, solo repite “Oigo voces”, dando un mayor énfasis al mensaje de la canción añadiendo unos alaridos.

Otro tema a destacar es ‘Lo mataron’, canción grabada con el chileno Sebastian Orellana de La Big Rabia. En esta pequeña incursión en el folclore chileno la banda interpreta una canción popularizada por Roberto Parra, hermano de Violeta Parra. En ella escuchamos como se canta ”Dicen que lo mataron a machetazos”, frase que perfectamente nos podría cantar cualquiera de los bluesman mencionados anteriormente y que refleja lo mal recibidos que eran los forasteros en los pueblos. Como único aporte algo contemporáneo se escucha una caja de ritmos en el segundo tema instrumental de este disco, ‘Paloma negra’, un absoluto dardo envenenado de buen blues que abre la segunda parte del disco.

Aunque en la portada del álbum la banda quiere reflejar su agradecimiento por medio de un exvoto (pinturas de origen mexicano, cuya temática suele de ser de agradecimiento a la virgen por cualquier “milagro”) parece que estos chicos han firmado un pacto con el diablo. Es “milagroso” que a pesar de seguir desarrollando su “sonido barreño” —como ellos lo denominan— sean una banda referente en el panorama nacional. Esto solo tiene una explicación: son una banda trabajadora y apasionada que año tras año firma trabajos increíbles. Y esta vez no es para menos, Guadalupe Plata lo ha vuelto a conseguir: han construido un disco totalmente mágico, en el que el paisaje descrito mediante su música y sus letras te transportan a los parajes más pantanosos de la España profunda.

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