Juancho: "Las canciones que curan no son las que te invitan a bailar sino las que te cuentan cómo hundirte"

Con personalidad arrolladora, el músico madrileño, voz de Sidecars, desgrana sus orígenes, su pasión por la música y sus recuerdos más personales en  ‘No he venido a hablar de mi disco‘.

 

SAÚL QUIJADA / Fotos: CLAUDIO MONTERROSO

Hay personas que cuando hablan te convencen. Es el caso de Juancho, cantante de Sidecars y guitarrista de Leiva. Con una personalidad arrolladora y con una cabeza que no para de centrifugar ideas, el músico madrileño piensa todas las respuestas con la precisión de un cirujano y esboza una tímida sonrisa cuando quiere decir algo con un mensaje potente. Llega a nuestra entrevista en la sala Costello después de un intenso fin de semana de gira por Galicia. “Nuestro último disco cuenta una historia de amor que se ha forjado entre Galicia y Madrid. He disfrutado muchísimo el fin de semana, los gallegos siempre pueden con nosotros”, cuenta Juancho tras cruzar la puerta del garito y pedirse una cerveza. Es el momento de grabar y empezar a hablar de música y canciones, el terreno donde mejor se desenvuelve nuestro protagonista. Como dice él, “que el viento te lleve donde te tenga que llevar”. Arrancamos.

 

Estamos en la sala Costello, un sitio mítico de Madrid y una sala muy importante para Sidecars que  nombras en la canción ‘Noche en Velero’ cuando escribes aquello de “era un recreo la parte de atrás de Costello”.

Este lugar es nuestra casa y hemos vivido experiencias inolvidables entre estas cuatro paredes. Cuando fichamos con nuestro mánager, que es el dueño de la sala, coincidió con la apertura del bar y, por lo tanto, es un sitio donde perdimos la vergüenza y nos fogueamos. Hemos pasado muchas horas en los cuartos de dentro, de fuera, de baño…Le tenemos un cariño increíble y lo sentimos como nuestro cuartel general.

¿Recuerdas el primer concierto en Costello?

Probablemente sea el sitio donde más veces hayamos tocado de nuestra vida. Recuerdo muchos conciertos especiales pero el primero de todos, no.

Todo empieza cuando te marchas castigado un verano al pueblo con tus padres y tu hermano te regala una guitarra para aprender a tocar.

Recuerdo estar bastante jodido y enviarle un mensaje de móvil contándole que iba a estar encerrado y aburrido mucho tiempo. Entonces, él me regaló una guitarra y yo fui preguntándole acordes y cacharreando con ella hasta que empezó a sonar algo. Él me dio una guitarra cuando más la necesitaba y ahí arrancó todo seguramente.

Entonces has aprendido de manera autodidacta sin recibir clases.

Nunca he recibido clases, de hecho voy aprendiendo el nombre de las cosas a medida que voy haciendo conciertos. No sé leer música como tal, hago la música que me sale de dentro escuchando a mi cuerpo en cada momento. Me da rabia no saber más de lo que debería.

 

sidecars

Bueno, no obsesionarte con hacer las cosas siempre perfectas tiene un punto de mágica imperfección que lo hace especial.

Absolutamente de acuerdo. Soy consciente de que tengo manías y vicios que cualquier profesor de guitarra me habría cortado de raíz en la primera clase pero, como dices, son cosas que tienen que ver con tu personalidad y con la manera de trabajar.

 

¿Recuerdas la primera canción que tocaste delante de tus padres?

Creo que nunca en mi vida le he cantado una canción a mi familia estando todos juntos. Canto con mi hermano y para mi hermano, pero la primera vez que me vieron mis padres fue en un concierto y no en el salón de casa.

 

Una vez me dijiste que antes de cada concierto intentabas situar a tu madre entre el público para no mirar más hacia ese lado porque si la veías en plena actuación te podía la emoción. ¿Qué te viene a la cabeza en ese momento?

No sé cómo explicarlo pero en mi cabeza se produce un cortocircuito  y se me cambian los cables. Estás viviendo un momento de conexión especial con la gente y contigo mismo y, de repente, cuando ves a tu madre se desmonta todo y te saca del sitio en el que estés.

 

¿Cómo se tomó tu familia la decisión que tomaste de dedicarte a la música?

Fue una decisión para mí muy fácil y para ellos bastante complicada. Recuerdo que hubo una reunión familiar sin mí donde mis padres le preguntaron a mi hermano algo así como “¿realmente crees que puede?”. La respuesta debió ser positiva y, a partir de ese momento, me animaron a seguir y a no dejar de trabajar. Siempre he tenido muy presente que la música es un trabajo donde tienes que currar mucho día a día porque como te quedes en el sillón de casa esperando a que lleguen las canciones estás jodido.

 

En tu casa los discos de los Rolling Stones y los Beatles entraron por tu hermano mayor y la vertiente más flamenca se la debes a tu padre.

Mi padre es un súper entendido del flamenco puro y te quedas alucinado cuando le escuchas hablar. En los viajes en coche cuando éramos pequeños mi padre ponía cintas de casette de Camarón y cuando conducía mi madre escuchábamos a Sabina, Miguel Ríos, Serrat…Teníamos tanta información mezclada que aprendimos un montón.

 

Una vez que tienes claro que tu hábitat natural está encima de un escenario, ¿cómo nace Sidecars?

Nosotros nos conocimos en el instituto armando una banda que no era Sidecars. Nos presentó un amigo en común y montamos un grupo en el que yo era guitarrista, Ruli batería, Gerbas bajo y otro chico cantaba. Estuvimos un tiempo aprendiendo a tocar, porque lo montamos sin tener ni idea de cómo se tocaba un instrumento, y hubo un momento en el que el chico que cantaba se quedó por el camino y decidimos tomárnoslo un poco más enserio y crear Sidecars. Teníamos una inseguridad absoluta y tres canciones, una de ellas ‘Ya no tengo problemas’, que la seguimos tocando a día de hoy.

 

¿Con qué edad la compusiste?

Con 15 años. Es la primera canción que escribí y que no tiré a la basura porque me molaba la letra.

 

 Me imagino que en esa época que me estás describiendo vuestra mayor prioridad era salir al escenario, disfrutar y hacer  música con los amigos.

Efectivamente. La filosofía era tocar mucho para coger tablas y aprender cómo era la música en directo. Enfrentarnos a garitos vacíos y a salas donde había diez personas nos hizo ser conscientes de la realidad y creo que nos ha servido de aprendizaje. Tocábamos todo lo que podíamos y escribíamos canciones, éramos felices y lo pasábamos como los indios. Nuestro sueño vital y recurrente era grabar un disco y salir de gira.

 

¿Los sueños se van haciendo más realistas a medida que se van cumpliendo?

Posiblemente sí, porque cuando eres más pequeño tienes más ansias y quieres comerte el mundo ya. La paciencia se adquiere con el tiempo y la experiencia. Si hubiésemos hablado la primera vez que dimos un concierto te habría dicho que mi sueño era tocar en la plaza de toros de La Ventas. Ahora también me apetece tocar allí, pero tenemos un punto de realismo que nos ha servido para liberarnos y no estar diez años pensando en lo mismo. Prefiero pensar primero en llenar una sala Sol, luego la Joy y después La Riviera. Sentimos que vamos cumpliendo objetivos.

 

Siempre habéis tenido una buena escuela en la Alameda de Osuna porque es un barrio que respira música en cada una de sus calles. Grupos como La caseta del perro, Buenas noches Rose o Pereza abrieron camino.

Desde muy pequeño yo veía a las generaciones mayores tocar la guitarra todo el día y lo único que me apetecía era ser como ellos. En muchos barrios del mundo los chavales van aprendiendo por imitación. Al igual que en las favelas de Brasil los más jóvenes quieren ser narcos porque son los que llevan los coches caros y tienen mucho dinero, en mi caso quería dejarme el pelo largo, tocar la guitarra y estar en el parque con chicas que es lo que mamaba todos los días. La Alameda siempre ha tenido una comunidad muy sana y musiquera.

 

La historia de Sidecars tiene un halo de romanticismo de crear una banda desde cero con los amigos de siempre, quemar etapas de manera natural, hacer la mili en garitos…

Creo que hemos seguido el manual del rock desde la primera página hasta la última. Desde siempre hemos tenido claro que no queríamos tener manchones en el currículum y, para eso, hemos intentado que predominase el sentido común a la hora de tomar cualquier decisión del grupo. Pensar en música de verdad y quitarle el maquillaje que la rodea nos ha llevado a estar donde estamos.

 

Cuando las cosas van bien te puedes dejar llevar fácilmente por el éxito momentáneo y olvidar cosas fundamentales. ¿En qué momento interiorizas que la prioridad es la música? Siempre hemos estado rodeados de personas que conocen a la perfección cómo funciona este mundo y que trabajan con pasión. Todo el equipo de Atracction y los hermanos Marín, que son nuestro equipo cercano de trabajo y management, llevan muchos años y tenían claro que el proyecto de Sidecars se sostendría si hacíamos las cosas bien y sin prisas. No queríamos empezar a meter canciones en la radio para tener un éxito fulgurante. Para nada. De hecho, cuando utilizaron ‘Fan de ti’ en una campaña publicitaria de televisión  nos dio tanto miedo hacer un movimiento en falso por si ensuciábamos la imagen de la banda que decidimos no sacarla como single en ese momento. A nivel de marketing la gente nos decía que era un error garrafal, pero queríamos que se nos conociese por la música y no por otras cosas.

 

Hablas de ‘Fan de ti’ que, además de la campaña de televisión, es una de las más escuchadas en vuestros perfiles de redes sociales. No sé si llegas a enemistarte con ella por todo lo que ha sonado.

Está claro que hay canciones que me gustan más  que otras. Soy consciente que si no tocamos ciertos temas en directo la gente se va a enfadar porque quieren oírlas y forman parte de la historia de la banda, por lo tanto no voy a renegar de ellas porque son la banda sonora de nuestro pasado. Si veo a los Rolling tocando las mismas canciones desde hace 40 años, ¿de qué me voy a quejar yo? No tengo derecho para hacerlo.

 

Cuéntanos qué ocurrió entre la publicación de Cremalleras (2010) y Fuego Cruzado (2014), porque fue un punto de inflexión bastante importante para la banda.

Fuego Cruzado fue el germen del gran momento que estamos viviendo ahora. Al terminar Cremalleras nos llevamos un susto muy gordo porque nos quedamos sin discográfica y estuvimos un tiempo con bastante vértigo pensando en el futuro. Cuando las cosas se fueron colocando en su lugar, armamos un equipo nuevo en el que, otra vez, todos queríamos remar en la misma dirección. Nos juntamos con un número importante de canciones y, quizá, la música se templó un poquito y adquirió un poso que no habíamos tenido en los primeros álbumes.

 

¿Con los primeros discos erais capaces de vivir de la música?

Para nada. Nosotros empezamos a vivir de la música a mitad de la gira de Contra las cuerdas, que es cuando se empezaron a llenar los teatros y las salas. Antes de eso, Ruly y Gerbas tuvieron la valentía de dejar sus trabajos y apostar a muerte por el proyecto. Ese paso hacia delante sí fue algo importante para la banda porque sentimos que era el momento de arrancar con más fuerza que nunca la maquinaria.

 

¿Qué trabajos has realizado en todos estos años antes de entrar a formar parte de la banda de Leiva?

He estado currando en mil sitios y ninguno relacionado con la música. Al vivir al lado del aeropuerto estuve un tiempo en la zona de carga y descarga, luego me contrataron de teleoperador, también buzoneaba publicidad…No sé, mi objetivo era ganar dinero para  comprar instrumentos y pagar el local de ensayo.

 

Desde fuera, da la sensación de que eres una persona que tiene las ideas muy claras y que no te dejas llevar por impulsos.

Creo que tanto Ruly, Gerbas y yo somos un poco así. Hay pequeños matices que sirven para complementarnos mejor, pero somos unos acojonados a la hora de tomar decisiones. Tardamos mucho en dar el paso pero cuando lo hacemos sabemos que pisamos en un terreno seguro. No nos gusta ilusionarnos con cosas que la gente nos vende muy bien porque, por fortuna, tenemos un poco de callo y sabemos diferenciar lo que nos interesa y lo que no. Vivimos  permanentemente viendo el vaso medio lleno y cuando se llena del todo lo disfrutamos a tope.

 

Hablando de letras, ¿cómo ordenas la cabeza a la hora de componer?

Normalmente, tengo que tirar de historias mías para empezar a escribir. Nunca me he podido inventar una película y que suene creíble. Necesito una primera frase que me ronde la cabeza para poder tirar de ahí, aunque hay veces que escribo y todavía no sé muy bien de qué estoy hablando. Me desahogo y después tiro del hilo. Un día aprendí que la inspiración llega cuando estás trabajando.

 

Seguro que has vivido instantes mágicos en los que la inspiración te llega de repente y en cuestión de minutos sale una canción.

Es algo que ocurre pocas veces pero me habrá pasado en cuatro ocasiones como mucho. Recuerdo haber hecho la melodía y la letra casi a la vez en media hora y no saber muy bien cómo ha ocurrido. Te quedas algo mareado y la sensación es rara pero muy bonita.

 

¿Qué canciones fueron?

‘Todos mis males’, ‘La Tormenta’, ‘Contra las cuerdas’ y ‘Dinamita.

 

Todas ellas son canciones de amor y desamor que guardan una esperanza al final de la historia, pero que están protagonizadas por un personaje perdedor que apuesta todo a una carta sin medir las consecuencias.

Yo creo que soy así y es mi manera de entender la vida. Cuando me meto en algo me  meto a muerte porque no me gustan las medias tintas. Claro, los personajes de las canciones me representan a mí y son una radiografía exacta de cómo está mi cabeza en ese momento.

 

¿Tiendes a la nostalgia y a la incertidumbre cuando consigues una estabilidad emocional?

Hace falta que te pasan cosas para luego contarlas. Cuando todo está en orden, entras en una rutina buena y no ocurre nada especial, tiras de recuerdos o sentimientos que guardas bajo llave.

 

Hablando de emociones, tienes el poder de influir para bien o para mal a las personas que escuchan tu música. Al final, hay gente que se enamora y se separa con tus letras. 

Soy consciente, pero cuando escribo lo hago pensando en mí y en la otra persona involucrada. Me da mucho miedo escribir pensando en la opinión de los demás porque soy una persona muy tímida y me da vergüenza. Me doy cuenta de todo esto cuando veo alguien entre el público que está llorando o cuando me cuentan una historia que me vuela la cabeza. Es muy heavy que algo que haces para curarte a ti le pueda llegar a afectar emocionalmente a alguien.

 

¿Cuál ha sido la historia que más te ha llamado la atención relacionada con una canción tuya?

Me impacta mucho cuando viene alguien a contarme que una persona de su familia o un amigo está en el hospital y nuestras canciones le han hecho compañía.  Me siento muy pequeño porque uno no asimila lo que hace hasta que no se lleva un golpe como ese.

 

¿Has transmitido sentimientos en canciones que no te has atrevido a decir en persona?

Escribo antes que hablo, por lo tanto la respuesta es sí. En mis relaciones personales trato de ir de frente con todo y es una filosofía de vida, pero al igual que pienso antes que disparo también me gusta escribir antes que hablar porque me ubica y me coloca la mente.

 

Es una buena terapia para bajar revoluciones y evitar los impulsos.

Absolutamente de acuerdo. Luego hay canciones que no enseño a nadie y me guardo para mí como vía de escape. Ni siquiera las escucha la persona a la que van dirigida. Son canciones que se quedan ahí y me hacen mucho bien.

 

¿Cómo se convive con una canción que te recuerda a un episodio determinado de tu vida?

En directo, intentamos darle una vuelta para que no suene siempre igual y así deposito toda la energía en la canción y no pienso en cosas externas. Cambiar la intro, hacer guiños a otras canciones, cambiar alguna palabra…Es importante estar centrado en eso para no cantar un tema pensando en la lista de la compra. Siempre tiene que haber algo que te atraiga a la hora de interpretarla en directo para que no se vuelva en algo rutinario.

 

Para evitar la rutina vais cambiando el repertorio cada poco tiempo.

Prácticamente cada semana sacamos y añadimos temas distintos a los de la ciudad anterior. Primero para estar alerta y luego porque hay gente que repite varias veces en una gira y ya que hacen un esfuerzo enorme por pagar una entrada en los tiempos que estamos viviendo, se merecen escuchar algo distinto a lo que ya conocen.

 

Comentas que muchas veces hacéis guiños a otros artistas como es el caso de Los Rodríguez o Quique González. Los músicos sois, de alguna manera, descubridores de música para el público porque hay gente que llegará a escuchar a Quique porque en directo has tocado ‘Vidas Cruzadas’ enlazada con ‘Fan de ti’.

Eso me encanta y me produce felicidad cuando llega alguien y me dice que ha descubierto a Los Rodríguez gracias a nuestro concierto. Me parece un regalo inmenso poder enseñarle a alguien canciones de artistas a los que hemos admirado siempre.

 

¿Qué importancia tienen el cine y la literatura en tus letras?

Leer te abre la cabeza y te amplia el lenguaje. Yo lo noto porque cuando enlazo una rutina larga de leer me  voy desoxidando y olvidos expresiones o frases hechas que  utilizo en el día a día.

juancho sidecars

Narcos es una de tus series favoritas y El poder del perro un libro que te gusta mucho. ¿Qué es lo que más te llama la atención de estas obras? Las dos comparten argumentos similares de mafia, corrupción y poder.

En mi casa somos adictos a la mafia y hemos visto millones de veces Los Soprano, El Padrino, Uno de los nuestros…Mi hermano y yo nos hemos especializado en este mundillo y devoramos las películas de mafiosos. Ese sentimiento de pertenecer a un grupo y la lealtad que muestran con su familia me gustan. Ahora bien, yo entré en el mundo carcelario a través del libro “Camina o Revienta” que me voló la cabeza la primera vez que lo leí.

 

Sin ir más lejos, el otro día comentaba Sergio Llul, jugador del Real Madrid de baloncesto, que vuestras canciones le habían servido para abandonar más rápido las muletas después de sufrir la grave lesión que le ha tenido en fuera de juego nueve meses.

La música es el mejor compañero de viaje que existe. Puedes encontrar un buen aliado en un disco porque hay canciones salvadoras que te cambian tu perspectiva vital con el primer verso.

 

¿En qué momento te ha salvado la música?

Mira, hay discos de Quique González que me han hecho mucho bien en momentos determinados de mi vida cuando estás jodido por algo. En mi opinión, las canciones que curan no son las que te invitan a bailar sino las que te cuentan como hundirte para salir con más fuerza.

 

Como dice Quique, “voy a dejarme caer para empezar desde abajo una y otra vez”.

Es que es una verdad como un castillo. Cuando te das cuenta de dónde está el fondo, cambias de pensamiento.

 

Un disco que te ha acompañado mucho es Ashes and Fires de Ryam Adams.

Ese disco es una maravilla y me lleva acompañando varios años hasta tal punto, que lo escucho semanalmente. El directo de Contra las cuerdas no sería así si no existiese ese puñado de canciones del bueno de Ryam Adams. No es algo fácil de ver pero creo que tiene que ver con entender la música y saber ubicar cada elemento en su sitio. El aprendizaje que saco en claro cada vez que escucho Ashes and Fires es que es fundamental no tener ansiedad por la velocidad y que todos los temas tienen mil vueltas que darles.

 

¿Y dónde te lleva la canción ‘El pensamiento circular’ de Iván Ferreiro?

Es un tema que me recuerda a una persona especial en mi vida. Cuando estaba escribiendo Cuestión de gravedad coincidió que cuando tocaba con Leiva muchas veces venía Iván y  nada más verle se me clavaba la letra mucho más en la cabeza. Es una canción que, sin duda, se ha convertido en la banda sonora de los últimos años de mi vida.

 

Después de los festivales de verano, ¿cuál va a ser el rumbo de Sidecars?

Hace poco nos sentamos todos para  planear un poco el futuro y nos dimos cuenta de que estábamos programando el fin de gira con mucha antelación. La pregunta inmediata fue; ¿Por qué tenemos que ponerle fecha de caducidad a esto que estamos disfrutando tanto? Tenemos un plan muy bonito para después de verano y lo que queremos es dejarnos llevar y disfrutar al máximo cada fin de semana. Yo sigo escribiendo y grabando maquetas, por lo tanto cuando acabe este episodio veremos qué hacemos.

 

¿Por dónde van los tiros de las nuevas canciones?

Estoy enfrentándome al miedo que supone escribir sobre uno mismo. He pasado mucho tiempo escribiéndole a otra persona y me he acostumbrado a hablar de ella y a las historias que hemos compartido. He tomado la decisión de hablar sobre mí.

 

¿Cómo se hace?

No sabría responderte. Me está costando mucho pero, canción a canción, voy encontrando el camino.

 

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