La Plata: Tradición Valenciana

La banda valenciana presentan su primer elepé, Desorden, un álbum cargado de esencia post-punk y chulería vocal 

 

DAVID ESTANCOUSQUI

Cuando se habla de movidas o corrientes, contraculturales o undergrounds, normalmente se suele mirar hacia las ciudades grandes, Madrid o Barcelona, porque es fácil confundir “gentrificación” con un sinónimo de que “pasen cosas”. Sin embargo, no son los únicos lugares donde siempre se ha movido algo. Valencia, tercera ciudad más poblada de España, fructífera en eso del pop y del rock —no hay que quedarse solo con el maniqueísmo de la Ruta Destroy de los noventa—, que en todas las décadas ha dado buenos aportes a la historia de la música (desde Scooters a Los Romeos, pasando por Señor Mostaza, La Habitación Roja o recientemente Los Zigarros) es un buen ejemplo. De Valencia son también La Plata, una banda de referencias post-punk y detalles amargos, que el pasado marzo editaron su primer elepé, Desorden (Sonido Muchacho, 2018) y producido por Carlos Hernández (Leiva, Los Planetas, La Habitación Roja) en Studio B de Madrid.

Comienza Desorden con un primer título, ‘Fracaso’, que advierte de la propuesta conceptual de los valencianos (seguirán ‘Incendio’, ‘Miedo’, ‘Me voy’, para avanzar hacia ‘Un atasco’, ‘Esta ciudad’) y que concreta la intención del propio disco con sintes juguetones (Patricia Ferragud), guitarras post-punk (Salvador Frasquet y María Gea) y con un aire a Los Rodríguez en la entonación del final de cada frase de Diego Escriche (guitarra y voz).

En ‘Incendio’ todo parece precipitado, caótico, y nos recuerda en algo a Los Punsetes, en algo también al pop distópico que hacen Axolotes Mexicanos, pero tirando hacia la oscuridad y el thriller. ‘Miedo’, una de las canciones mejor presentadas, tiene melodías interesantes en las guitarras lúcidas con un marcado carácter nihilista contrastadamente punk. A todo esto se le une la presencia decidida de una batería (Miguel J. Carmona) veloz y cargante, esencial para que la música de La Plata cobre verdadero vigor post-punk aunque en un juego permanente con el synth-pop.

Al llegar al cuarto tema, ‘Me voy’, también llega la calma y el post-punk se distorsiona. Predominan la batería y los sonidos definitivamente sombríos, mientras por detrás las guitarras y los sintes envolventes procuran a Diego el espacio ajustado para exponer la letra como si fuera una soflama que empuja hacia un final grandilocuente, muy de festival.

Pero todo este Desorden está a su vez bien abrochado por cierto casticismo y chulería vocal (‘Tu cama’) que recoge la mejor tradición del pop en español, como en su momento hicieran Gabinete Caligari.

La Plata resulta un proyecto sugestivo, en el que priman las melodías agradables ligadas a un ambiente grueso y viciado. Un acierto de verosimilitud, en el que ética y estética se unen para construir un discurso en el que la melodía está al servicio de la letra y la letra al servicio de la melodía.

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