Frente a Spotify y Youtube, la radio sigue guiando nuestro camino

 

MARÍA F. CANET

Keith Richards y John Lennon supieron que querían ser músicos cuando escucharon la voz de Elvis en la radio. Lo que escucharon a través de esos altavoces cambió su vida para siempre. Cuando en su tormentosa adolescencia Jim Morrison valoraba poner fin a su vida, encendió la radio una madrugada y escuchó cantar a Sinatra. Morrison afirmaba que aquella noche, el mítico crooner salvó su vida. Esos instantes tendrían un impacto para la eternidad. Podríamos seguir enumerando anécdotas de este tipo, y no acabaríamos. La radio ha sido la guardiana de los más preciados tesoros musicales desde hace décadas, sin embargo, en la actualidad es un medio señalado y cuestionado. Una vez más, Internet-con Spotify y Youtube a la cabeza- parece haber ganado la batalla. Pero ¿por qué la radio sigue siendo necesaria?


Muy sencillo: necesitamos guías, maestros, referentes, llamadlo como queráis. Ahora que los artistas que cambiaron el mundo en los sesenta y setenta comienzan a decirnos adiós, necesitamos gente al otro lado de las ondas que nos recuerde su legado. Así como necesitamos del criterio de estos maestros para que nos sitúen en la senda de la actualidad. No, no incluyo a las radiofórmulas. Pinchar los hits que todo el mundo conoce y que todos hemos escuchado mil veces no tiene ningún mérito. No ofrecen nada nuevo, van a lo fácil, a lo seguro, apoyados por estudios de consultores que afirman conocer lo que la gente quiere escuchar. Por supuesto que me gusta escuchar Hotel California en la radio, pero valoro mucho más que me hagan descubrir artistas o canciones nuevas. Al fin y al cabo, si no conoces algo no puedes valorarlo, y es estupendo que alguien nos sacuda y nos saque de la zona de confort, mostrando lo que nos estamos perdiendo.

Spotify y Youtube pueden ser muy útiles para escuchar música, para meterte de lleno en la obra de un artista, pero la radio sigue siendo necesaria. Alguien tiene que seleccionar por nosotros. Decirte “invierte tu tiempo en escuchar esto porque merece la pena”. Debemos tener personas que nos guíen desde los micrófonos. Que lleven a cabo la labor casi arqueológica de buscar entre discos y vinilos para ponernos en contacto con lo mejor. Creo firmemente en esa idea romántica de conocer la historia detrás de las canciones. Conocer las entrañas de algo que me conmueve.

La radio ha estado siempre presente en mi vida. En el coche de mi abuelo no había reproductor de CD, por lo que la radio era la encargada de amenizar el trayecto de casa al colegio y viceversa. Desde que tengo uso se razón, es lo primero que se enciende en casa-después de la luz-por eso no concibo mi vida sin ese “clic”, sin apretar ese botón que es la puerta a nuevas canciones. Pero fue a partir de la adolescencia cuando mi relación con la radio se consolidó. En esos momentos en los que tu cuerpo cambia, lloras o ríes sin saber por qué, y ni tú mismo te aguantas, hay alguien detrás de ese aparato dispuesto a hacerte compañía y a elegir canciones para ti. Aceptas que esa voz te acompañe en la soledad de tu cuarto, cuando con las luces apagadas y tumbado en la cama intentas entender dónde está tu sitio en el mundo.

A través de la radio uno comienza a encontrarse. Conoce grupos y artistas que marcarán su vida, y canciones sin las que ya no podrá vivir. Comienzas a saber qué música te gusta y dónde encontrarla. Y te das cuenta que al final esas canciones hablan de ti. Es entonces, cuando esa voz sin rostro se convierte en tu mejor compañera. Puede que estés solo en tu cuarto, o quizás andes recorriendo cientos de kilómetros en coche. Pero hay alguien detrás de esos altavoces que está haciéndote compañía. Esa voz sin rostro acabara por conocerte mejor que muchas personas con las que vives en el día a día.

La radio goza además de una magia especial. No hay imágenes, por lo que la puerta de la imaginación queda abierta. Te habla directamente a ti, te acompaña, te guía a ciegas. La radio musical nace desde la ilusión de compartir música que emociona. Desde la incertidumbre de no saber si habrá algún fallo, si podrán sonar todas las canciones que uno quiere compartir. El poder y la incertidumbre de jugársela en directo. En el aire, saltando al vacío. La magia de la radio es que te haga sentir sin ver. Que te haga viajar sin moverte del cuarto.

¿Quién no ha sintonizado la radio cruzando los dedos por que sonara esa canción? ¿Quién no ha sentido que su vida cobraba sentido al descubrir una nueva voz? O el clásico ¿cómo he podido vivir sin escuchar esto? Spotify tendrá la discografía completa de una banda, pero jamás tendrá a una persona recomendando desde el conocimiento y la emoción. El poder de la radio sigue siendo enorme, al igual que su valor. Sigue siendo necesaria. No la apaguemos nunca.