Pelucas falsas y verdadero talento

Aja

El rapero estadounidense Aja camina hacia el estrellato con una estética sorprendente

GERARD BRUNET

Y con el fin de culminar un show de doblaje, inmovilizó a una gallina y la sacrificó sobre el escenario dándole vueltas al cuello. Por supuesto, recogió todo tipo de reacciones del público y muchas más allá del asombro, la indignación, el asco o la sorpresa. Ese es Aja, un rapero estadounidense sin miedo a nada y que debuta en larga duración con Box Office (AJA, 2019).

Procedente de Egipto, adoptado por una madre latina practicante de brujería por tradición familiar, de género no binario (ni hombre ni mujer), criado en los suburbios de Nueva York y marginado por ser negro, Jay Rivera, más conocido por Aja, su nombre artístico, se nutre de sus raíces para armar un novedoso producto. Tras sus dos apariciones en el reality show RuPaul’s Drag Race, que le catapultó a la fama, el artista ha invertido cada una de sus ganancias en la producción de música y contenido audiovisual.

Box Office llega precedido del aclamado EP In My Feelings, que agrupaba las primeras canciones del rapero a modo de carta de presentación. En solo un año, Aja renuncia a cualquier indicio de pop electrónico para tirarse de lleno al hip-hop, sacrificando un mayor alcance que podría sedimentar su base de seguidores. Eso sí, no abandona su extravagante estética, jugando con los extremos del espectro del género. “Nunca ha habido una persona relevante en el mundo del hip-hop que haya podido cambiar entre esas dos energías [masculina y femenina], así que no sé si me van a respetar. Siento que, de alguna manera, estoy haciendo un experimento”, comentaba en una entrevista para la revista People. Pero su apariencia no es lo único por lo que quiere ser distinguido. “Me identifico como músico, pero para el mundo soy simplemente una drag queen. Tengo la presión de sacar un álbum del cual puedas reírte de mí por llevar pelucas o por mis pintas, pero jamás por mi verdadero talento”, añadía.

El proyecto está íntegramente escrito por él, ayudado por algunos de sus colaboradores cercanos, como Shea Couleé, que también deja su huella en la sensacional pista ‘Breakfast at Tiffany’s’. Otra contribución atractiva es la de la rapera Cupcakke en ‘Safari Zone’, aspirante a ser el mayor éxito comercial del proyecto. Aja firma también la producción del LP. Esta es la principal flaqueza del álbum, pues reutiliza los mismos ritmos y termina pecando de minimalista, delatando el poco presupuesto detrás de unas creaciones que no están respaldadas por un sello discográfico.

Su talento y ambición prometen, pero a Aja le va a costar algo más que eso conseguir llenar estadios. Esperemos que no sean más gallinas decapitadas.