Un perfecto ejercicio de nostalgia

Drugdealer

El compositor californiano Michael Collins publica su segundo LP al frente de Drugdealer, un buen (pero falto de sorpresa) ejercicio de nostalgia sesentera

 

MARÍA F. CANET 

Si el Brill Building se hubiese edificado sobre la tranquilidad de las playas de California, y no bajo el estruendo neoyorquino, en su interior se podrían haber concebido las canciones de Drugdealer. El proyecto liderado por Michael Collins acaba de publicar Raw Honey (Mexican Summer, 2019), un segundo elepé que sigue la estela pop-folk sesentera de su predecesor (The End of Comedy, 2016). Como sus colegas The Lemon Twigs o Lucille Furs, la joven banda de Los Ángeles apuesta por regresar a esa zona de confort —tan atractiva como transitada— que es el sonido psicodélico de finales de los 60’s y principios de los 70’s. El resultado: una colección de canciones que remiten constantemente a los héroes de las décadas doradas de la música (Beatles, Beach Boys, Carole King); un perfecto ejercicio de nostalgia realizado por quién añora algo que no vivió, pero ha pasado sus años inmerso en su particular cápsula del tiempo.

De estructura cíclica, el álbum comienza con el melancólico instrumental ‘You’ve Got to Be Kidding’, perfecta banda sonora para un paseo solitario en un día gris al son de ruidos callejeros, un órgano decimonónico y un angelical coro infantil, para finalizar de la misma manera —sólo música— con la melódica ‘Ending on a Hi Note’. Entre medias, Collins juega a ser un Beatle, concretamente George Harrison —su bigote, gafas redondas y melena larga lo delatan— cuyo espíritu ilumina todo el disco. El primer ejemplo es ‘Honey’ con la dulce voz de Natalie Mering (Weyes Blood) —que transita por el mismo sendero que Joni Mitchell — entrelazándose con el slide. Los arpegios harrisonianos vuelven a estar presentes en ‘Wild Motion’, otra colaboración, esta vez con la potente voz de Dougie Pool, un digno heredero de Roy Orbison.

De ritmo acelerado en la onda Stealers Wheel en ‘Stuck in the Middle With You’, aparece la animada ‘Lonely’, pop-folk vertebrado sobre teclados y armonías vocales, que a pesar de ser un lamento amoroso no induce al drama.  El alma del Pet Sounds de los Beach Boys late en ‘Lost in my Dreams’, seductora pieza de pop orquestado  con una fina sección de cuerdas, y un saxo que despunta en la parte final y que reaparece en ‘Fools’, corte setentero de reminiscencias jazz y psicodélicas que invita a conducir por la noche en la gran ciudad.

De compositores melódicos como Carole King o Elton John bebe ‘If Youn Don’t Know, You Never Will’, que arranca con un piano solitario para crecer con batería y violines a mitad de camino, mientras Collins proclama “No quiero sentir que todo mi amor ha sido en vano”, para encontrarse con el ruido de una tormenta a punto de desatarse como broche final. Teclados barrocos sobre fondo acústico sobresalen en ‘London Nightmare’, la más psicodélica, que remite al sueño californiano  que se va diluyendo mediante un ritmo ralentizado y la distorsión final.

Michael Collins tiene el alma anclada en el pasado, y no lo quiere ocultar. Con el aura de George Harrison presente, impregnando cada nota, Raw Honey desprende añoranza y saber hacer. Los amantes de los clásicos lo apreciarán, sin embargo, su carencia de sorpresa —y ese sonido tantas veces emulado— puede hacer que pronto se pierda en el fondo de la estantería. Aunque, de vez en cuando no está mal quedarse en la zona de confort a remolonear un ratito más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *