Salto; el eco que permanece

El músico madrileño presenta Far From The Echoes, su segundo disco

 

MARÍA F. CANET

Germán Salto (Madrid, 1984) entra en un bar del centro de Madrid con discos y un libro sobre los Beach Boys bajo el brazo. Antes que músico o piloto -compagina su carrera musical con su trabajo como piloto de avión- es musiquero. Esa pasión desmedida se gestó entre la música clásica de su infancia y el impacto de los clásicos del rock en la adolescencia: “Mi tío Fernando me regaló el Sticky Fingers de los Stones y me pregunté “¿qué he estado haciendo todo este tiempo?”. Recuerda los conciertos de su vida, ambos en Londres, uno de Dylan -que abrió con una versión del London Calling de los Clash- y otro de Lucinda Williams: “Ese día tocaban Foo Fighters en el O2, una sala grande, y Lucinda en una pequeña. Yo pensaba ¿cómo podéis ira ver a Foo Fighters si está tocando Lucinda? ¡Estáis locos!”.

Esa misma determinación, le empujó a emprender una aventura en solitario tras militar en bandas del underground madrileño (Hairy Ladies, Serpientes). El Gallo (2015) –su debut musical como Salto- le situó en el punto de mira de crítica y público. Los elogios recibidos no amedrentaron al músico, que el pasado octubre presentaba Far From The Echoes, una brillante respuesta ante las expectativas creadas.

Más complejo que su predecesor, este segundo disco necesita de varias escuchas, algo positivo para su autor: “Me gusta el riesgo en los discos. Hacer un disco que no haga el vecino del quinto”. El riesgo y la complejidad han sido las armas que Salto ha utilizado para vencer la sombra del temido segundo LP, tras un aplaudido debut: “Reconozco que no podía hacer un segundo disco mediocre. Tenía nervios antes de hacer las canciones, pero una vez que estaban pensaba: las canciones son buenas, la banda es buena, los productores son buenos. Si esto no gusta a mí se me escapa”.

Estas canciones concebidas entre el cielo y la tierra son un reflejo de su frenético ritmo de vida: “No tengo horarios normales, cada día vuelo a un sitio, llego y tengo entrevistas, conciertos… Es un poco estresante, pero a mí me encanta. Home Again tiene una melodía muy alegre, pero es la canción más triste del disco porque hablo sobre la dificultad de encontrar mi sitio”. Los cambios de ritmo en ‘Everything’ o la psicodélica ‘Moving’, bien reflejan este viaje en permanente movimiento que acaba con ‘Song For Ollie’, que el propio Germán define como una “ida de olla”: “Me encanta, pero tenía que ser la última, porque si la pongo la segunda la gente tiraría el disco por la ventana. Es el fin de fiesta”.

Las influencias clásicas -Beatles, Beach Boys, Big Star, Crosby, Stills & Nash y bandas actuales como Wilco o Jayhawks- son notables. Sin embargo, el músico ha sabido conjugar bien estos ecos sesenteros y setenteros con un sonido actual, logrando -junto a bandas amigas como Morgan o Ángel Stanich- marcar la diferencia con el panorama Indie que domina en la escena musical española: “Es un disco que no inventa nada, y está mal que lo diga yo, pero, a día de hoy, no conozco a nadie que haga este tipo de arreglos. No suena a Americana, ni a grupo inglés, ni a grupo español. Un poco por eso va el título del disco”.

Ese universo propio que Salto ha ideado queda reflejado en la portada del disco -una “isla de locura en mi cabeza”- diseñada por José Fragoso, su primo:” Tiene que escuchar el disco para saber qué portada hacer. Dibuja lo que le transmite”. Como melómano empedernido, Germán otorga gran importancia a las portadas: “Soy vinilero por muchos motivos, uno de ellos por la portada, tenerla en las manos, el libreto, las fotos… Eso es increíble”.

El músico es exigente con su trabajo- “cuando presento una canción es porque estoy convencido y orgulloso de ella. Si no me parece un temazo increíble lo dejo”- algo que ha aprendido a controlar: “Con la grabación de El Gallo sufrí. Pensaba “qué mal canto, qué desastre, esta canción no suena como quería”. Con este me lo he pasado de la leche, escucho errores pero me lo tomo con naturalidad. Les pasaba a los Beatles, ¿cómo no me va a pasar a mí?”. Esa seguridad también es resultado se saber rodearse de un buen equipo. Producido por Ramiro Nieto (The Right Ons) y Martí Perarnau (Mucho), Far From The Echoes se grabó en diez días en el estudio La Casa Murada: “Quería que todos estuviéramos plenamente concentrados en el disco. Que no ocurriera como en el anterior que el guitarrista te dice a las cinco y cuarto me tengo que ir porque tengo dentista y cosas así”.

Otro de los riesgos que ha asumido el músico ha sido trasladar un disco plagado de arreglos -los coros y teclados presentes en todo el disco, los vientos de Her Man o los violines de Mary– al directo: “Hay gente que defiende que cuando haces un disco debe sonar igual en directo, yo no. Pienso que necesitas grabar el mejor disco que puedas, si necesitas grabar un coro de veinticinco negras lo grabas, en directo ya te apañarás. Me parece un reto sacar adelante un repertorio que se ha grabado de otra manera. Los Zombies y Dylan lo hacen constantemente, y yo lo defiendo a muerte”.

Cercano a la delicadeza de Neil Young -en You Were Always Waiting- y derrochando fuerza arrolladora en Such A Waste For Time, Germán muestra más confianza como vocalista: “Una vez teloneé en acústico a Rich Robinson (The Black Crowes). Me intimidó mucho más cantar para él solo en la prueba de sonido que para toda la Moby Dick. Piensas “¿Si he cantado delante de Rich Robinson como no voy a grabar delante de Martí?”.

Este segundo disco ha llevado a Salto a tener una banda definitiva. Amigos como Paco López, Ekain Elorza o Nina De Juan -con quién canta a dúo ‘Hopefully’– han tenido que abandonar el proyecto por el éxito de Morgan: “Paco me decía “no quiero que me eches pero te entiendo”. Confiesa que esa “competitividad” entre amigos es un aliciente más: “Te picas en el sentido bonito de la palabra, porque cuando uno saca un discazo te pones el listón muy alto”.

Aunque no descarta componer en castellano algún día, reconoce que le ofende que se lo echen en cara: “En la época de El Gallo estaba casado con una americana y varias letras del primer disco están hechas a medias. En mi casa se hablaba en inglés. He hecho alguna cosa en español, es natural, lo que no entiendo es que la gente me lo exija. Eso de recomendar al artista nunca lo he entendido”.

A pesar de haber emprendido este viaje hace poco, su mente ya vuela hacia otro lugar: “Para todo el mundo es un disco nuevo, pero yo ya estoy pensando en el tercero”. Salto vuelve a alejarse para regresar a su particular isla. Mientras, continuará haciendo sonar esos ecos en la carretera.

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