Tangerine Flavour, madrileños con botas de cowboy

La banda madrileña presenta su primer disco No hard feelings con el rock sureño y las armonías vocales como baluarte

 

MARÍA F. CANET

Tener menos de veinticinco años, hablar de paisajes de Texas u Oklahoma y llevar botas de cowboy no suele ser habitual en nuestro país. Que tu principal referencia musical sea el Tulsa sound de los 70’s en vez del indie, tampoco. Pero siempre hay una excepción que confirma la regla. Es el caso de Tangerine Flavour, una banda madrileña que con su primer LP, No hard feelings, acaba de irrumpir con fuerza en el panorama nacional apostando por el rock sureño y el embrujo de las armonías vocales.

Tangerine nació con la pasión adolescente de tres amigos –Pablo Martín, Miguel Polonio y Fernando Lima– que soñaban con llegar tan lejos como sus ídolos (Clapton, Dylan, Beatles, Stones). Tras años recorriendo salas de la geografía española, un EP ecléctico y dos cambios de batería, han logrado hallar un sonido propio: “El problema es que teníamos muchas influencias y no acabábamos de encontrar una unión. En el disco hay varios estilos, pero todo tiene el rasgo americano que lo une” afirma Pablo Martín, guitarrista de la banda.

Sentado en el emblemático Free Way de Malasaña, posa su cerveza en la mesa sobre la que se asoma la cara de Tom Petty, otro de sus grandes ídolos, y admite que la figura del productor Alfonso Ferrer (Aurora & The Betrayers, Julián Maeso) ha sido clave: “Fuimos a un pueblo de Toledo a tocar y en la prueba de sonido se acercó Alfonso. Nos preguntó si las canciones eran nuestras y, después de decirnos las verdades a la cara, nos dijo que tenía un estudio. Nos pasamos todo el verano pasado componiendo y al ver el resultado nos dijo ¡chavales, no os preocupéis por la pasta ni por nada; vamos a grabar un disco!”. Para la grabación de No hard feelings, el trío ha contado con reconocidos músicos de la escena nacional como Juli el lento (Aurora & The Betrayers, Julián Maeso) a la batería y Gabri Casanova (Anaut) a los teclados: “Que gente así nos haya apadrinado nos da fuerza” afirma Pablo.

 

Fotografía: Raúl Ballesteros

La ausencia de un líder -los tres cantan y componen- es otra de las características de Tangerine Flavour, así como el relevo de voces en ‘Time is runnin’ over’ o ‘It ain’t over yet’: “Cada uno tiene una manera de trabajar, pero en este disco hemos compuesto juntos por primera vez”. Canciones como ‘Ballerina’ -con un sorprendente comienzo a capela con Pablo cantando a lo Tom Waits y un colosal hammond- o las cuidadas armonías vocales en gran parte de los temas, muestran que, a pesar de su juventud, tienen claro hacia donde van dirigidos sus pasos: “Una noche al volver de fiesta nos pusimos un documental de los Eagles. Vimos esas imágenes del backstage cantando a coro las armonías y dijimos ¡esto es lo que queremos hacer!”. Gram Parsons es otra de las grandes influencias que planean sobre el disco, específicamente en la balada country ‘No kisser girl’: “Miguel hasta se ha tatuado su nombre. No es el mejor cantante del mundo, pero tiene alma”.

Como Parsons, la banda canta al desamor -destacan títulos como ‘Love hurts me again’- buscando que la herida cicatrice: “Todas son historias reales: ‘No kisser girl’ es una historia de perder la inocencia, de darte la primera ostia, mientras que ‘Ballerina’ habla de cuando sabes que algo no va a salir bien, pero te metes porque crees que merece la pena intentarlo. De once temas, nueve y medio son de estar jodidos, pero no somos rencorosos. Un poco por ahí va el título del disco “sin resentimientos”; nos habéis jodido pero hemos hecho un disco gracias a vosotras” señala entre risas.

A pesar del poco reconocimiento del que goza la americana en nuestro país, el trío parece tenerlo claro: “Me gustan Arctic Monkeys o Vetusta Morla, pero no quiero sonar como ellos. Ahora mismo no tenemos nada que envidiar a ningún disco de España. Tenemos el sonido de los 70’s, de The Band… Eso es lo que queremos hacer”. Aunque de momento, la composición en castellano parece estar descartada: “Para nosotros este estilo tiene que ser en inglés, si lo hiciéramos en castellano no estaríamos a gusto”.

A la espera de poder dedicarse plenamente a la música -los tres compaginan el grupo con trabajos o carreras universitarias- se enfrentan a adaptar la compleja instrumentación del disco – “solo en teclados hemos grabado hammond, un wurtlizer como el de McCartney, vibráfono, melotrón y piano”- al directo en una gira que comenzará el próximo 5 de mayo en la madrileña sala Clamores : “Tocaremos en formato cuarteto, aunque para el concierto de Madrid contaremos con Dani Romero a los teclados y Marcus Wilson a la acústica. Además de los temas nuevos, los del anterior EP sonarán muy diferentes y también habrá alguna versión” promete.

La cerveza comienza a escasear y Pablo sentencia entre risas: “En el fondo somos uso posturetas, vivimos en Madrid y vamos con botas de cowboy. Si lo piensas somos unos frikis, pero nos da igual, nos gusta. Tampoco nos importaría tener un rancho en Dallas”.

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