Ecos de luz para una tarde de domingo

Fotografía The Clientele

Ocho discos y cinco EP’s de pop luminoso y pluscuamperfecto a la sombra del éxito alumbran la trayectoria de la banda británica The Clientele

 

MIGUEL URIZ

Existen discos y canciones que nos acompañan en nuestro viaje por la vida como los escuderos más fieles acompañaban a sus caballeros. Algo así le debió pasar a Charlie Hall, batería de la banda The War on Drugs, cuando escuchó por primera vez la música de The Clientele. En una entrevista reciente a un medio estadounidense contaba que un amigo suyo le recomendó esta banda británica, y que desde la primera escucha ya le fascinaron sus composiciones. “Siempre he pensado que la música de Suburban Light (Merge Records, 2000) suena tal y como se ven las película en Super 8. Tienen mucho grano, pero hay mucha luminosidad en ellas”, comentaba Hall sobre el primer disco de The Clientele.

El grupo comenzó a juntarse para tocar en Hampshire en 1997, pero no fue hasta el Londres del 2000, en el que la juventud británica de provincias probaba fortuna tras la universidad, donde grabaron su primer disco, Suburban Light. James, Mark y Alasdair, los tres componentes de The Clientele, ya compartían su pasión por la música desde que iban al instituto. En sus canciones,  joyas del pop más elegante, se escuchan influencias de muchas bandas: el pop psicodélico de Love o The Zombies; bandas que tuvieron más popularidad en los 80 como Galaxie 500 o Felt o clásicos de la música popular como The Beatles o The Velvet Underground.

En principio este primer álbum iba a grabarse con el apoyo de un gran sello, pero el primer día en el estudio tuvieron algunos desencuentros con el ingeniero de sonido, empeñado en aplicarles una producción gélida al estilo Radiohead. Ellos tenían muy claro que querían sonar de una forma más cálida, rompieron el acuerdo con el gran sello y grabaron este disco en el mismo local en el que ensayaban. “Éramos muy pobres, solo comíamos alubias y arroz, nos dedicábamos todo el día a trabajar en las canciones y por las noches íbamos al pub. Recuerdo aquel verano en el que grabamos nuestro primer disco como unos días mágicos”, apuntaba Alasdair MacLean en una reciente entrevista.

Esa magia de la que habla MacLean es la que encuentras al escuchar sus discos. Canciones que crean un ambiente misterioso, con una luz que atrapa, que invitan a disfrutar de una copa de vino y a observar por la ventana como el fin de semana se desvanece. Uno de los secretos para conseguir esa atmósfera tan particular, firma de la casa The Clientele, es el eco que le aplican a la voz del cantante.

Con su debut, Suburban Light, cosecharon un éxito notable en Estados Unidos. Sin embargo, en su Inglaterra natal no fue así. Hubo que esperar unos cuantos discos más para que convencieran al público británico con obras como The Violet Hour (Merge Records, 2003) que toma el título de unos versos de T.S. Elliot— God Save the Clientele (Merge Records, 2007), Bonfires on the Health (Merge Records, 2009) o su último largo titulado Music for the Age of Miracles (Merge Records, 2017).

En todos estos álbumes encontramos elementos comunes, como esa atmósfera de pop elegante o unas letras de aire melancólico henchidas de belleza. Con los años la banda ha rebuscado en diversas influencias musicales, como la música india, reflejo de ello son los trabajados arreglos que encontramos en sus dos últimos discos. Desde sus inicios las letras de la banda siempre encerraron una narrativa muy bien construida, sin embargo en su último disco dan un paso más allá adentrándose en el mundo de la mitología griega.

The Clientele es una banda única, con un sonido propio muy bien construido. Muy respetados por la crítica, pero desconocidos para gran parte del público, son la mejor medicina para una triste tarde de domingo: su luminosidad alumbra el camino.

 

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