El mundo dijo adiós a una Amy adicta que hizo que perdiéramos a la Amy encantadora del principio, la de la voz desgarradora

 

CRISTINA G. HERNÁNDEZ

Todos matamos a Amy Winehouse. No fueron las tres botellas de vodka que se bebió aquella noche ni todas las adicciones que habían menguado su cuerpo hasta dejarlo prácticamente inexistente. Todos matamos a Amy porque todos queríamos tener un poco de ella.

Desde que salió el documental sobre su vida había evitado verlo porque sabía que no iba a reaccionar bien. Me esperaba lo que vi, un fiel retrato de cómo todo lo que quería acabó por destrozarla, pero no sabía que podía reflexionar tanto sobre el relato de una vida tan autodestructiva como la suya. Amy, como se ve en la película, tenía un carácter dulce con todo el que le rodeaba, pero cuando se trataba de sí misma,  “you know I’m no good.” Su padre se marchó de casa cuando solo tenía 9 años y la falta de disciplina llevó a Amy a desarrollar una personalidad más rebelde y obstinada a la vez que comenzaba a flirtear con la bulimia.

Tras haber formado un grupo de rap y cantar con una banda de jazz femenina, su novio de entonces envió una maqueta a un productor y de ahí surgió su primer disco, “Frank”, a pesar de que Amy escribía sus propias canciones desde los 13 años. Ese fue el principio del fin.

A partir de entonces, coincidiendo el dolor de la muerte de su abuela con su relación con Blake Fielder-Civil, Amy entró en una espiral hacia debajo de adicciones. Dijo que quería sentir todo lo que sentía Blake, así que comenzó a consumir las mismas drogas duras que él. Ella acabó adicta, a punto de morir de sobredosis, y él en la cárcel. El resto es historia, es el disco “Back to black”: mientras Amy se rehabilitaba, Blake volvía con su ex novia y Amy caía de nuevo.

Digo que a Amy la matamos todos porque, a pesar de que lo mejor de Amy era su música, también nos gustaba el morbo de saber qué estaba pasando con ella o qué sería lo siguiente que iba a hacer al subirse a un escenario. Incluso su padre se dio cuenta y se subió al carro cuando publicó el primer disco, siempre a su lado, como si no la hubiera dejado a sus 9 años. Otro ex novio vendió su historia a los medios cuando ella volvió con Blake tras el divorcio. A Amy le tocó vivir una vida que no había elegido y que no sabía cómo llevar.

Día tras día, los medios la esperaban en la puerta de su casa, la perseguían, le hacían fotos, se colaron en el hotel donde la llevaron a desintoxicarla, aparecían equipos de grabación de un reality de la mano de su padre cuando trataba de escribir el siguiente disco en un retiro en Santa Lucía. La discográfica la presionaba para que publicara un nuevo álbum, pero no tenía material suficiente, así que decidieron cogerla mientras estaba dormida, meterla en un avión y subirla al escenario en condiciones pésimas en el que fue su último concierto. Fue en junio de 2011 en Serbia y apenas podía mantenerse en pie, mucho menos cantar. Se suspendió la gira que anunciaba su regreso y el 23 de julio de 2011 encontraron el cadáver de Amy en su casa de Camden, en Londres, tras haberse bebido tres botellas de vodka.

El mundo dijo adiós a Amy hace ya 7 años, pero realmente solo se le dijo adiós a la Amy adicta, alcohólica y con trastornos alimenticios que hizo que perdiéramos a la Amy encantadora del principio, esa que con una voz desgarradora y sincera conseguía despertar la admiración de todo el que la escuchaba.