MARÍA F. CANET

En la música, como en la vida, las cosas más maravillosas surgen de lo inesperado. Bajo los primeros rayos de sol de la primavera de 1988 se produjo un “feliz accidente”. Las circunstancias adecuadas en el momento adecuado favorecieron que cinco estrellas-George Harrison, Bob Dylan, Tom Petty, Roy Orbison y Jeff Lynne-se alinearan para dar lugar a una superbanda llamada TheTraveling Wilburys.

La primera de esas circunstancias se dio en 1987, cuando Jeff Lynne (líder de la Electric Light Orchestra) produjo el último álbum de George Harrison; Cloud Nine. Ambos buscaban una cara B para el sencillo This Is Love-extraído de dicho LP-cuando repararon en tierras californianas. Una cena con Roy Orbison, y una visita a Tom Petty para recoger una guitarra que el ex Beatle le había prestado, fueron las siguientes casualidades que sembraron la semilla del supergrupo. La guinda del pastel fue poder contactar con el siempre escurridizo Bob Dylan, quién invitó a sus amigos a pasar por su estudio de Santa Mónica.

Allí, los cuatro músicos ayudaron a George a componer Handle With Care, cuyo título proviene de la advertencia tratar con cuidado, estampada en una caja de cartón. Cuando Mo Ostin-presidente de Warner Music-escuchó la grabación, decidió que aquello no podía quedar relegado a una cara B. Harrison propuso a sus amigos componer nueve canciones más y publicar un álbum conjunto. Embaucados por la magia de aquella grabación, estos cinco jinetes del rock and roll aceptaron el reto y crearon The Traveling Wilburys. Harrison afirmaba: “Si hubiéramos planeado formar los Wilburys o si alguien hubiera querido formar una banda con estas personas nunca habría ocurrido. Sería imposible. Todo ocurrió mágicamente. Se dieron las circunstancias”.

El nombre surgió de una broma interna entre Jeff Lynne y George Harrison, quiénes llamaban wilburys a los compresores del estudio de grabación. Harrison propuso Trembling Wilburys, pero la opción de Lynne-Traveling-fue la elegida. Decidieron crear una familia ficticia. Todos serían hijos de Charles Truscott Wilbur, personaje creado por Derek Taylor, agente de prensa de Harrison. Cada uno adoptó un pseudónimo seguido del apellido Wilbury: Lucky (Dylan), Nelson (Harrison), Lefty (Orbison), Charlie T (Petty) y Otis (Lynne). El líder de la manada fue el Beatle tranquilo: “Era la banda de George”, señalaba Tom Petty. Pero por encima de todo estaba la amistad, comomcontaba el músico de Florida: “Éramos un grupo de amigos que además éramos músicos muy talentosos”.

La hermandad tomó la cocina de la casa de Dave Stewart-miembro de Eurythmics-como estudio de grabación improvisado, debido a su buena acústica. Contaron con el apoyo de Mike Campbell (guitarrista de los Heartbreakers de Tom Petty), Jim Keltner a la batería, Ray Cooper a la percusión y Jim Horn al saxo. Para más inri, esta epopeya rock tuvo que gestarse en diez días, puesto que Lucky Wilbury (Dylan) tenía que salir de gira. Así lo cuenta Jeff Lynne: “Componíamos una canción en un par de horas y la grabábamos por la noche”. La grabación transcurrió entre risas, cervezas y espontáneas jams que duraban hasta el amanecer.

widburys

El 18 de octubre de 1988 veía la luz el Vol.1, carta de presentación del supergrupo, que vendió cinco millones de copias, llegando al Top 3 en Estados Unidos, y al Nº1 en Australia, Canadá y buena parte de Europa. A pesar de componer juntos los temas, en cada uno se aprecia la impronta de su autor. La sombra de Dylan se alarga en Congratulations o Tweeter And The Monkey Man, que narra la historia de dos camellos, constituyendo un homenaje a Bruce Springsteen, con referencias a temas como Thunder Road o The River. Rattled, es el resultado de la cabeza en constante ebullición de Jeff Lynne, incluyendo percusión sobre la rejilla de un refrigerador. End Of The Line o Heading For The light, irradian el carácter positivo de Harrison a través de sus inimitables guitarras. La potencia de Tom Petty, ese equilibrista del ritmo que nos dejó hace apenas un mes, queda patente en Last Night. Pero sin duda, la estrella que más brilló en esta constelación fue Roy Orbison. Not Alone Anymore, la colosal balada que canta solo, es un lamento que estremece hasta la eternidad.

Para los cuatro músicos fue un sueño contar con uno de los pioneros del rock and roll: “Guau ¡Roy está en la banda!”. Todos mostraron un profundo respeto por la que ellos consideraban la mejor voz del rock: “Era bastante intimidante, porque Roy Orbison cantaba, luego te tocaba a ti y te sentías intimidado. Aunque fuese cantando bajito en el sofá, era un regalo escuchar a Roy cantar” contaba Tom Petty. Ese respeto queda patente en el vídeo de Handle With Care, donde todos dan un paso atrás cuando canta Orbison. Querían ver a su maestro brillar como antaño.

La muerte del malogrado cantante, el 6 de diciembre de 1988, supuso un duro golpe para la familia Wilbury. Una vez descartada la incorporación de Del Shannon a la banda, los cuatro miembros restantes regresaron al estudio; Roy así lo hubiera querido. Emocionante es el homenaje que le rindieron en el videoclip de End Of The Line, donde una mecedora vacía donde reposa una guitarra recuerda Lefty Wilbury.

Vol.3, segundo trabajo de los Wilburys-título irónico sobre un segundo tomo pirata que nunca existió-fue un homenaje al carismático cantante. Para esta ocasión los hermanos cambiaron sus nombres por los de Spike (Harrison), Clayton (Lynne), Muddy (Petty) y Boo (Dylan). En este segundo tomo la gran familia coqueteó con el Doo Wop en 7 Deadly Sins, incorporó temas más potentes como She´s My Baby o Poor House, e ideó su particular baile; el Wilbury Twist. A pesar de su indudable calidad, esta segunda entrega no estuvo a la altura de la primera, algo que puso fin a la aventura de estos cuatro amigos. Tanto Petty como Orbison afirmaron que aquellos días fueron de los más felices de su existencia.

La magia de los Wilburys reside en la amistad y el respeto. No buscaban éxito ni dinero. Tal y como dijo Roy Orbison, lo hicieron únicamente por la música. Una pasión que consiguió unir  a uno de los mejores cantantes de la historia (Roy Orbison) con el mejor letrista (Bob Dylan), arropados por tres colosos de la música como Jeff Lynne, George Harrison y Tom Petty. En palabras de Jeff Lynne, “Superó nuestros sueños más imposibles”. Los Traveling Wilburys no fueron un sueño, porque ni siquiera se podría haber imaginado; fueron un milagro.