El trazo de Jesús de la Rosa

No nos cuesta nada bajar a Sevilla y entre caña y caña rendir un pequeño homenaje a un grupo que fue la voz de toda una generación: Jesús de la Rosa

 

ANA VALVERDE

Despeñaperros, nada. El desierto permite ver todo lo que llega y no llega nada. Perros callejeros  jadean, todas las persianas bajadas, nadie. Tan solo un viento cálido  que levanta polvo pegándose a nuestro cuello. No llevamos maleta porque es un viaje que no queremos  hacer, nos vamos de Madrid para que ella  piense. Al volver nos ha prometido una respuesta.

Y es que no la quiero saber.

Apaleados entramos en la gasolinera, joder ni el nombre me suena, aquí no hay nada parecido a lo que dejamos atrás. Él echa gasolina. Mientras, yo busco algo, alguien, cualquier cosa menos este silencio.

El Fari, las Azúcar Moreno y los Pecos giran en el muestrario con olor a 95 octanos. Y luego, ellos: Introspectivo, gangrenado, progresivo, rock, y de aquí. Cantaban en castellano, en andaluz, la verdad la tenía Jesús. La cornada nos la íbamos a llevar igual pero con aquellas letras, la encajaríamos mejor. Y fue ahí, en la interminable A4 cuando conocí Triana.

 

HIJO DEL AGOBIO

De la Rosa nació hace ya 71 años en una pequeña y angosta calle sevillana. Desde pequeño sintió el latido de la música, pero una amplia familia y pocos ingresos le desviaron  hacia otros oficios menos palpitantes como platero y mecánico. Sin embargo, Jesús nunca dejo de cantar. En una entrevista, no muy conocida, su propio hermano, Manuel de la Rosa, recuerda a un chico tímido e introvertido que consideraba dejar su tierra y su intimidad como un “oscuro túnel que había que pasar”.

“Para él fue muy duro tomar aquella decisión -recuerda Manuel-Por su condición era incapaz de pedir nada a nadie y se fue en las peores circunstancias”. Pero aquello era algo que estaba destinado para él. “Para cruzar ese túnel había que ser un elegido, y él lo fue”

(Manuel de la Rosa)

 

MILITANDO

El servicio militar le lleva hasta Madrid, pero Jesús necesita sentir algo que le huela a vida y que haga que su sangre corra loca de pasión. De manera que, cuando no está cumpliendo con  su deber, se mete en todos los fregaos (musicales) que puede. Así desfila por el que sería su primer grupo “importante” Nuevos Tiempos. Deudor del aclamado rock anglosajón, el grupo se ha puesto las pilas con el inglés y corre tras los Beatles. Luego intenta entrar en Los Bravos pero estos lo rechazan por tener demasiado acento. Ahí os quedéis Bravos con vuestra triste luz cedida, que el brillaría con luz propia.

 

CAMINO A TRIANA

En 1972 el camino de Jesús de la Rosa se cruza con la estela de otro músico hambriento: Eduardo R. Rodway. Rodway acababa de salir de Alcalá Meco a causa de  un look desafortunado y unos escasos gramillos de hachís. La visita fue breve, lo que le permitió reanudar su actividad musical con su grupo Tabaca.  Una formación con una rutina fuerte pero con escaso éxito comercial. En varias entrevistas, se refiere a Jesús como “un monstruo” y admite haberse quedado prendado de sus letras desde el inicio. Hacia 1973 el grupo discute y Rodway mete a su protegido en la banda. De la Rosa, Eduardo Roadway y Carlos Attias (bajista de Miguel Ríos) componen ahora Tabaca.

TRIANA

Eduardo empeña todo lo que tiene y se deja la mitad del sueldo en la huevería donde se hace con cientos de cartones de huevos para insonorizar una sala alquilada y dar cuerpo a la nueva etapa del grupo. Como suele ocurrir, el trío no funcionó, pero la empatía entre Jesús y Eduardo da rienda suelta a los ensayos donde se empieza a  dibujar un nuevo proyecto. En 1974 nace Triana. De la Rosa, Rodway y Tele cogen la escala progresiva de Pink Floyd y la arrastran hasta el tablao. Y así, se conformó uno de los referentes del rock andaluz más potente de nuestro país.

 

SÉ DE UN LUGAR

Aunque supero la edad maldita del rock, la muerte no tardó en alcanzarle en 1983, en la carretera de Burgos, tras dar el que sería su último concierto. En Villaviciosa de Odón, bajo un desgastado  mármol blanco,  descansa Jesús de la Rosa. Y a pesar de que nos seduce más peregrinar a Père-Lachaise y hacer el amor sobre la tumba de Jim Morrison, no nos cuesta nada bajar a Sevilla y entre caña y caña rendir un pequeño homenaje a un grupo que fue la voz de toda una generación; Sin porvenir, perdidos, callejeros, afligidos, Hijos del Agobio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *