Xavier Calvet, ilusión de primavera

Xavier Calvet

Tras militar en el punk-rock con Bullit y sorprender con la americana en Firebird, el músico catalán se aproxima al pop electrónico en su nuevo trabajo

 

MARÍA F. CANET

Esta tarde de martes merece canciones que bien podrían ser las de Xavier Calvet (Barcelona, 1979): canciones que desprendan luz, esperanza e ilusión. Una primavera anticipada inunda las calles de Madrid. Las terrazas parecen imanes que retienen a la gente. Al otro lado de la acera asoma ese oasis que es El Retiro. El músico catalán sonríe con brillo en los ojos, con la emoción de quién está a punto de presenciar el viaje que emprenderán los temas que componen Crosswinds (BCore, 2019), su segundo disco en solitario. “Quería romper un poco con respecto al anterior LP, que no quedara un disco continuista. Mantener las canciones dentro del mismo espectro musical, pero buscar otros sonidos utilizando otro tipo de instrumentos para hacer los arreglos”, cuenta mientras bebe una Coca-cola.

Firebird (2017), su primer álbum en solitario fue una apuesta por la americana tras su larga etapa de punk-rock al frente de la banda Bullit. “En mi casa de pequeño se escuchaba mucha música americana: Neil Young, Bob Dylan, Tom Petty, Fleetwood Mac… Luego, a raíz de meterme con Wilco cuando ya tenía 25 o 26 años. Empecé a leer entrevistas, de qué grupos hablaban, de cuáles eran sus influencias… Es algo que he llevado bastante dentro y en un momento de tu vida eso aflora”. En Crosswinds los ecos de Wilco o Ryan Adams siguen presentes en cortes como ‘Get a job’, aunque esta vez, Calvet se ha mirado al espejo de bandas como War On Drugs, Real Estate o Maritime, baluartes del pop electrónico a golpe de sintetizadores. “Ha salido de manera muy natural en el estudio, tiene mucho que ver con los músicos que me acompañan y la experiencia de cada uno. A Guille, por ejemplo, que es el que se encarga de los teclados y sintetizadores, le gusta desde el Krautrock hasta Camela”, afirma entre risas. Temas como ‘Lovers for all Time’, ‘Fading in the Open’ o ‘The Runner’ son prueba de ello; en esta última, el artista elabora una metáfora de su carrera musical. “De pequeño corría cross y recuerdo el momento ese en el que las fuerzas empiezan a flaquear y realmente oyes voces en tu cabeza, a veces “no pares Xavi” y otras “déjalo ya”. Muchas veces la música es como un maratón, te planteas qué coño estás haciendo; es muy largo y muchas veces no depende de ti”.

Como el título del disco, los aires pop se cruzan con los aires folk  -“ al final todo es combinable, se trata de sacar la coctelera y agitarla lo mejor posible”-  en piezas como ‘Meet me in the Crowd’ -que desprende esencia Jayhawks– o ‘Lost Highway’ en la que recupera banjo y mandolina.

Esa experimentación no se ha centrado únicamente en los instrumentos; los efectos en las voces son uno de los aspectos más relevantes del álbum. Afirma que en ‘The Sunlight Brigade’, la exageración del Autotune fue clave: “Fue idea de Borja, ayudante de Santi en el estudio, tiene 22 años y está muy  metido en el trap y todas estas movidas. Lo hicimos así y el comentario fue “buah tío, se parece a Bon Iver”y si él lo ha hecho ¿por qué no lo vamos a hacer nosotros?”.  Para la nostálgica ‘Old Days’ , el productor, Santi García, empleó “una especie de micro antiguo en los que los generales daban discursos en los años 30 o 40 que tiene el efecto de un transistor”.

Reconoce que a pesar de la positividad que desprende el disco, la nostalgia, propia de la temida –“y muy cierta”- crisis de los 40, empapa gran parte de las letras: “El tiempo que ha pasado es imposible de recuperar, y tienes la sensación de que te queda mucho por hacer, tus obligaciones son mayores… Cada uno tiene que encontrar sus herramientas para lidiar con eso, y no significa que no te queden muchas cosas por hacer: vas más al grano, tienes menos prejuicios, algo fantástico a la hora de hacer música porque no te pones barreras y haces lo que te apetece hacer”. Como muchos de sus compañeros de oficio, Calvet ha encontrado en la música una particular terapia. “A veces escribo canciones de autoayuda. Cuando estoy de bajón me dejo mensajes para mí mismo; igual que puede significar algo para alguien cuando la escucha, para un músico puede ser sanador componerla”.

El sol comienza a desaparecer entre las nubes cuando Xavier cuenta entre risas que uno de sus primeros gurús musicales fue el cura de su pueblo: “Sabía mucho de música”. Esta tarde de martes, como los años de juventud, no volverá. Pero aún queda luz, ilusión y primavera.

 

 

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